El Señor de los Mares
Jóvenes · Del libro Inverso
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Y cuando ellos subieron a la barca, el viento se calmó (Mateo 14:32).
Después del milagro de la multiplicación de los panes y los peces, los discípulos se embarcaron rumbo a Capernaum. El viaje no duraría mucho, ya que la distancia era de aproximadamente seis kilómetros. Sin embargo, el clima cambió y se desató una gran tormenta que desvió el rumbo previsto. Fuertes olas azotaron el barco y dificultaron el trabajo de los discípulos.
En las últimas horas de la noche, "Jesús fue a ellos caminando sobre el mar" (Mat. 14:25). En medio de las poderosas olas, Cristo caminaba tranquilamente. Los truenos y los rayos no le causaban miedo, sino que servían de luz y sonido para el espectáculo del Señor de los mares. Para el Mesías, no era una tormenta; era una especie de entrada triunfal.
Pero ¿por qué Cristo ayudó a sus amigos recién en el último momento? A veces parece que Jesús tarda en resolver nuestros problemas, ¿verdad? Sin embargo, "los propósitos de Dios no conocen premura ni demora" (Elena de White, El Deseado de todas las gentes, p. 23). Todo lo hace en el momento justo y exacto. Durante toda aquella noche, Cristo no perdió de vista a sus amigos.
Cuando los discípulos vieron al Maestro acercándose, no lo reconocieron, sino que pensaron que era un fantasma. Es probable que la creencia en fantasmas fuera común en aquella cultura, y parece que esa superstición infectó a los discípulos. Pero Jesús lanzó a lo profundo del mar la creencia popular al decir: "¡Ánimo! ¡Soy yo! ¡No teman!" (vers. 27).
Inmediatamente, Pedro le pidió a Jesús que le permitiera ir hacia él. Sin embargo, al notar la fuerza del viento, comenzó a hundirse. Solo le restó al frágil discípulo clamar por ayuda: "iSeñor, sálvame!" (vers. 30). Afortunadamente, el mayor Salvador del mundo estaba a su lado y lo rescató de las olas de la incredulidad. Ambos regresaron al barco y, al entrar en él, el viento cesó.
En aquella noche, Cristo tenía dos tormentas que calmar: la del mar de Galilea y la del corazón de los discípulos, que querían forzarlo a convertirse en rey. El Creador, al caminar sobre las aguas, demostró estar por encima de cualquier problema y tener el control de cada situación.
No temas cuando el mar de las dificultades se haga grande frente a ti. Mira a Jesús, y podrás caminar sobre las aguas.