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Un trago de agua

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«ACUERDATE DEL DÍA SÁBADO PARA SANTIFICARLO» (ÉXODO 20:8, NVI),

Hoy es sábado y nuestro viaje será a la iglesia. Piensa en un camión cisterna que transporta toneladas de combustible y que, inexplicablemente, se detiene en medio de la ruta por falta de combustible en su propio tanque. ¿No sería absurdo que el conductor se ocupe de miles de litros para tantos otros vehículos, pero se olvide de su propio camión?

Piensa en otro caso: el mejor ortodoncista de la ciudad tiene el don estético de arreglar los dientes de sus clientes; sin embargo, su sonrisa da miedo, pues su boca está llena de desordenadas rocas puntiagudas terroríficas de las cavernas.

Por último, el dueño del mejor restaurante de la región invita a sus amigos a una cena especial en su casa, pero descubre que no tiene sal ni aceite. Sería incomprensible una distracción así ¿verdad?

Por eso existe la iglesia. ¿Sabías eso? Exactamente para recordarnos que también necesitamos recibir del cielo lo que muchas veces queremos dar a los demás. Cuando vamos a la casa de Dios, nos detenemos, después de una subida cansadora, para tomar un refrescante trago de agua fría que viene directamente de Jesús, la Roca eterna; es como encontrar una gasolinera al final de una curva cuando el automóvil ya había comenzado a toser con el combustible de reserva. Por eso, me encanta ir a la iglesia cada sábado. Allí descansamos, escuchamos, nos alimentamos, nos hidratamos el alma, y salimos reconfortados hacia otra semana en la carretera de la vida.

Si hasta Jesús mismo iba a la iglesia, ¿no necesitaremos nosotros mucho más de este momento sin igual? Es mejor aun cuando encontramos amigos que también desean ir al mismo destino que nosotros.

Ese fue el caso de Elías, que vio que no estaba solo cuando muchas personas tampoco adoraban a Baal. Pablo soportó una noche en la cárcel cantando como si estuviera en la ducha, porque Silas estaba junto a para darle fuerzas. Tú también tienes en la iglesia amigos de fe que te ayudan a ver más allá.

¿Y entonces? ¿Vamos a encontrarnos con Dios en su casa? Siempre saldrás diferente después de esta pausa. Tu ánimo para resistir las tentaciones cobrará más fuerza. Y lo mejor será detenernos para imaginar el cielo al que llegaremos cuando este viaje termine. ¿Qué te parece? Ah, y cuando vuelvas de la iglesia, lee el Salmo 91. ¡Es increíble!

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