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Prepara tu estómago y, más que nada, ten un bolsillo digno de un millonario. ¿Sabes cuál es el postre más caro del mundo? O mejor, ¿cuánto cuesta? Haz un intento: ¿100 dólares? ¿Mil dólares? ¡No! ¡Estás muy lejos!
El restaurante se llama Serendipity 3 y está en Nueva York. Allí puedes probar la delicia dulce más cara del planeta. ¿El nombre? Frozen Haute Chocolate. ¿Y quieres saber de una vez su precio? ¡Nada más y nada menos que 25 mil dólares! Eso es lo que cuesta un auto nuevo.
El postre es un sundae de chocolate preparado con una mezcla de 28 tipos de cacao exclusivos y refinados, importados de África y Sudamérica. Después de eso, esta mezcla recibe otros 14 ingredientes secretos, celosamente guardados por el coqueto restaurante. Además, se sirve con crema fresca y está decorado con una trufa extravagante que cuesta cinco mil dólares el kilo.
¿Satisfecho? Todavía hay más: viene acompañado de hojas de oro comestibles, una cuchara souvenir tallada en oro de 23 quilates y una pulsera que adorna la copa de cristal. Para que algún afortunado pueda degustar tanta extravagancia, es obligatorio pedir este postre con dos semanas de antelación, para que el chef pueda garantizar todos los lujosos ingredientes.
¿Y si alguien te ofreciera este postre gratis, además de prometerte que te haría inmortal? Eso fue exactamente lo que Satanás le ofreció a Eva. Revistió el fruto prohibido con promesas exquisitas capaces de ilusionar e hipnotizar. Ella lo probó, satisfizo su curiosidad, se deleitó con el brillo de la tentación, ¡y lo arruinó todo! A fin de cuentas, el lujo exagerado -que promete un cielo de comodidad sin Jesússiempre trae desgracia, soledad y frustración.
Eso es lo que el pecado intenta hacer con nosotros. Nos engaña y nos pone trampas. Hoy, no permitas que el sundae más caro del universo te aleje de Cristo. Las delicias traicioneras pueden venir disfrazadas de películas, juegos virtuales, amistades peligrosas, apuestas o el consumo innecesario de marcas. Para distinguir bien entre un dulce bueno y un anzuelo de Satanás, solo debes pedirle sabiduría a Dios. ¿Vamos a decirle «no» a la tentación, aunque parezca apetitosa?
¡Ah, y no gastes más de cinco dólares en un helado!