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La vida de internado en un colegio adventista trae amistades y experiencias increíbles, dentro y fuera de las aulas. Con mi amigo Iván fue así. Si la responsabilidad del ministerio nos ha hecho madurar, hay un recuerdo que siempre nos rejuvenece.
Disfrutábamos salir por los senderos del campus de la Facultad de Teología en una bicicleta prestada. En aquellos años, el colegio en construcción era como el arca de Noé en el sexto año de los 120: todo rústico y lleno de barro. Un día se nos ocurrió bajar por una ladera de tierra, entre los naranjales, que desembocaba en una enorme laguna. «¡El que llega último, limpia la habitación!», nos desafiamos. Volamos sendero abajo y aceleramos. Los gritos se escuchaban entre las sacudidas, y las piedritas salían disparadas; así, llegamos cerca de la orilla. Solo faltaba el freno, que nos faltó a ambos. «¡Amigo, frenaaaaa!», fue lo último que se escuchó antes de que las bicicletas despegaran, los cuerpos se desordenaran y llegara la zambullida aterradora. Como el lago era profundo, salvar la vida también exigía salvar las bicicletas. Sacarlas fue otra aventura. Después de sentirnos «sanos y salvos» y de muchas risas, entendimos la lección: luego de cierta velocidad, se nos hace imposible frenar.
¿Has visto que nadie tiene paciencia hoy? Los adolescentes no aguantan ni cinco minutos para bajar un video, no les gusta leer nada hasta el final y esperar parece la muerte inminente. De la velocidad de los terabytes por segundo a los kilómetros por hora, nos convertimos en la generación del «para ayer». El problema es que Satanás aprovecha esto para llevar a la juventud a hacer mucho, pero pensando poco.
Nos lanzamos cuesta abajo, pero nos damos cuenta, demasiado tarde, de que ya no podemos frenar. ¡Cuidado! Todo lo que hacemos de forma apresurada es una trampa segura: decisiones precipitadas en un sábado a la noche, fiestas no previstas, sustancias desconocidas y paseos a última hora pueden ser la mayor trampa. Protégete de los viajes irresponsables. Hundir en el lago la bicicleta es una cosa, arruinarse la salud es más grave, y no es gracioso.
Fuiste creado para aprovechar la vida, no para arruinarla por la influencia del grupo. Detente, piensa, reflexiona y, a través de la Biblia, pregúntale a Dios qué sugerencia tiene para que la alegría sea completa. No te equivocarás, y los frenos serán tus grandes aliados. ¡Aprovéchalo!