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Insano

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«ERES MI GLORIA, EL QUE SOSTIENE MI CABEZA EN ALTO» (SALMO 3:3).

El miedo es bueno cuando te protege de arriesgar la vida frente al peligro. Sin embargo, puede ser exagerado cuando hace a alguien rehén de cualquier experiencia desafiante. Para saber la diferencia entre los dos tipos de miedo se necesita sentido común y pies en la tierra, además de la dependencia de la prudente voluntad de Dios.

Viajemos a la ciudad de Fortaleza, en Brasil. Imagina sus 39 grados centígrados y una playa de arenas blancas. Soy fan del agua. Absolutamente. Para mi todo lo relacionado con ella me relaja, me anima y me trae endorfinas del buen humor al corazón. Con una excepción: el parque acuático Beach Park, con el tobogán de agua más grande de Sudamérica. Y, aunque es una gran aventura nacional, esta atracción desafiante recibió un nombre super convincente: Insano.

¿Qué te parece deslizarte verticalmente desde la cima de un edificio de 18 pisos? Además, tu cuerpo se despega del tubo abierto por casi dos segundos en caída libre. ¿Lo harías?

Yo lo hice. Mi queridísima esposa, a quien le prometí amor eterno, ya se había tirado seis veces y salió ilesa. Yo no podía no hacerlo. Mientras subía los escalones interminables, el parque se iba haciendo más pequeño. El viento me congelaba el calor y mi lucha interior era una olla a presión a punto de explotar. «¿Por qué voy a hacer esto?», pensé, intentando buscar una excusa. Pero debía vencer este miedo ilógico. Crucé los brazos, me acosté en la plataforma y respiré profundo. No vi nada, solo grité. Mi temerosa voz se escuchó en todas las galaxias. Fue todo tan rápido y seguro que, solo de obstinado y para vencer el trauma, me tiré por el tobogán cuatro veces más.

¿Cómo has enfrentado a tus «lobos malos», esos que solo existen en las fabulas, pero muchas veces se entrometen en la vida real? El miedo a las mascotas, el miedo a la oscuridad, el miedo a la persecución, a las alturas o hasta miedo a las cucarachas: todos deben ser enfrentados. Por supuesto, debemos respetar los límites de las personas y no forzarlas a ser como nosotros, pero se siente bien vencerse a uno mismo. No permitas que los traumas saboteen tu éxito. Tirarme por el Insano no me convirtió en un héroe mundial, pero me hizo mirarme al espejo con más seguridad.

¿Cuál es el miedo que debes vencer? Piensa un poco y ora mucho. A Jesús le interesan tus victorias; él está a tu disposición para darte fuerza extra en la batalla del bien y ayudarte a preocuparte menos.

¿Nos tiramos juntos por el Insano?

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