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Quien decide aceptar este desafío es consciente de los tremendos riesgos que enfrentará. Más de 1.600 victoriosos han pasado por allí buscando conquistar el objetivo supremo. Sin embargo, casi 180 aventureros perdieron allí su vida. Es el «todo o nada» de quien tiene un sueño, lucha por él, enfrenta el límite de la resistencia humana y hasta sacrifica su propia existencia para cumplirlo.
¿Sabes de qué estoy hablando? Del llamado «rostro del cielo» o «madre del universo» por los nativos del lugar. Nosotros lo conocemos como el monte Everest. Con 8.848 metros es el punto más alto de nuestro planeta. Si el mundo fuera un rascacielos, esta montaña sería la punta de la antena que hay en la terraza de un edificio de 3.400 pisos. Y los alpinistas dan la vida por subir algo mucho peor: un camino lleno de nieve, rocas, avalanchas, acantilados Y un frío que congela hasta la médula ósea.
La llamada «zona de la muerte» se refiere a los metros finales que pasan los 8 mil metros de altura. Un alpinista con fuerte resistencia física no puede pasar más de 72 horas en esas condiciones. La exposición de cualquier parte del cuerpo a un frío así resultaría en congelamiento inmediato. Allá arriba, el aire denso equivale al 30% de lo que nuestro cuerpo necesita para sobrevivir en condiciones normales. El lugar es tan inestable que los cadáveres de quienes pierden la vida en este tramo no se rescatan y se dejan para siempre en la nieve. Y los últimos pasos hasta la cumbre del Everest se dan en un sendero blanco que parece el «filo de una navaja» en la que el atleta camina sobre un acantilado de caída libre de cada lado: 2.400 metros de precipicio a la izquierda y 3.050 metros a la derecha. Finalmente, al llegar a la cumbre, queda poco tiempo para el descenso, antes de que llegue la noche mortal.
Vivimos en una zona entre la vida y la muerte desde que el pecado deformó los planes de Dios. Las tentaciones y trampas amenazan el éxito del ser humano. El río Jaboc, el monte Sinaí, el estómago del gran pez y el Getsemaní fueron momentos trascendentales en los que la supervivencia pasó su máxima prueba. Todos salieron vencedores: Jacob, Moisés, Jonás y Jesús. Solo resta que tú cuentes con Dios para enfrentar los últimos pasos de la vida de este mundo. ¡Mantente firme! Busca a Dios de rodillas. ¡No te rindas!
'Y, cuando llegues al cielo, ya no necesitarás volver a bajar. Por lo tanto, ¡sigue adelante en este día!