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Saltas y caes. Caes sin parar de cabeza. El grito inevitable, que deja escapar la adrenalina del corazón, se escucha cada vez más lejos. Tu cuerpo desaparece y se hace un punto minúsculo que sale disparado en el horizonte del paisaje. De repente, la cuerda elástica llega a su fin y te lleva de nuevo al comienzo. El «yoyó» imaginario comienza un vaivén interminable. Al final de todo, y en completa seguridad, la locura termina y tú te quedas allá abajo, con los brazos abiertos, colgado y balanceándote como una araña en la punta de un hilo de la telaraña.
El bungee jumping es un deporte extremo, practicado por muchos viajantes valientes, que consiste en saltar al vacío atado de una cuerda elástica. Hace mucho tiempo, este deporte era una especie de prueba de iniciación por la cual debían pasar los jóvenes de una aldea para ser <adultos». A pesar de que solo había una prueba por año, consistía en buscar lianas, subirse a una especie de escalera de más de 5 metros, atar un extremo de la liana arriba y el otro en uno de los pies. Después, debían tirarse Y1 si llegaban hasta abajo sanos y salvos, se convertían en adultos. Pero, si la liana se rompía o era demasiado larga, los jóvenes morían.
Los tiempos cambiaron y hoy el bungee jumping es practicado por mucha gente para vivir con la adrenalina a flor de piel. Uno de los más grandes del mundo está en la represa del río Verzasca, en el cantón de Ticino (Suiza) y tiene 220 metros de altura. ¿Qué te parece lanzarte de un edificio de 82 pisos?
Confieso que tengo el sueño de superarme haciendo una locura de esas. Sin embargo, todavía el sentido común grita más alto. ¿Y la cuerda? Es todo. Está fabricada cuidadosamente para resistir mas de cuatro toneladas, y esto permite que el cuerpo humano, que pesa unos 90 kilos en promedio, salte con seguridad. Ahora, ¿sabes lo que Dios quiere hacer hoy? Lo mismo: dar completa protección y amparo a todos los saltos que vendrán en el futuro.
Arrójate de cabeza confiando en aquel que jamás te abandonará. Pon a Jesús a prueba y cree que todas sus promesas son reales y verdaderas. Abre los brazos para recibir el abrazo más grande del universo y salta a las emociones fortísimas de probar el amor de Dios. La cuerda puede estirarse, pero jamás se soltará. Colgado con valentía de las manos del Creador, serás feliz. Puedes saltar y no necesitas gritar.