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Una cascada de algodón

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«HIZO LODO CON LA SALIVA Y LO UNTÓ EN LOS OJOS DEL CIEGO» (JUAN 9:6).

¿Volamos hacia Turquía? Visitaremos un lugar completamente diferente a lo que has visto o imaginado. Me froté los ojos para estar seguro de que la imagen no había sido manipulada por inteligencia artificial, pero el lugar existe realmente y se convirtió en Patrimonio de la Humanidad. Después de todo, es la única cascada de mármol del mundo.

Su nombre es Pamukkale, que significa «castillo de algodón» en idioma turco. Y no es para menos. Allí hay una exótica ladera que parece un acantilado de algodón o azúcar blanco. Sé que es difícil, pero intenta imaginar agua blanca que brota del suelo y desciende en forma de cascada por la colina, formando piscinas naturales y termales. Sin embargo, debajo de la tierra hay depósitos calientes que hacen salir grandes cantidades de carbonato de calcio. Mientras las cascadas se deslizan por los bordes de las piscinas formadas por rocas, este producto se solidifica como un bellísimo mármol travertino blanco, el mismo que se usa en las exuberantes columnas de los palacios.

Como este fenómeno se repite a lo largo de los años, nos encontraremos con una bellísima ladera de innumerables piscinas blanquísimas, con bordes redondeados que contienen aguas cálidas de un color azulado. Un vapor sutil se eleva entre las piscinas y te da la sensación de estar viendo el castillo de un cuento infantil parecido a un enorme pastel de boda con un glasé burbujeante.

Durante siglos, muchas personas se bañaban en las aguas de Pamukkale, porque creían que tenían poderes medicinales. De hecho, muy cerca de este lugar hay miles de cementerios milenarios con personas que decidieron envejecer allí para intentar vivir más tiempo.

Pero estoy totalmente seguro de que nadie logró curarse de la ceguera en esas aguas. Para eso, podemos ir a la Biblia y leer allí lo que hizo Cristo con un ciego de nacimiento. Después de recibir una mezcla de barro en la cara, aquel pobre hombre en tinieblas fue a lavarse al estanque de Siloé e, inexplicablemente, comenzó a ver por primera vez en su vida. ¿No es eso mucho más increíble que la cascada de algodón?

¿Por qué no invitas a ese mismo Jesús para que haga un milagro extraordinario en tu vida hoy? ¡Prepárate! Cuando él llega todo mejora y se hace más placentero. Y ninguna montaña de algodón será tan increíble como cuando el Señor está a nuestro lado. ¿Listo para experimentarlo?

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