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La cascada de la muerte

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«CUANDO PASES POR AGUAS PROFUNDAS, YO ESTARÉ CONTIGO» (ISAÍAS 43:2).

Es la más grande del mundo. Cuando se trata de cascadas increíbles, los 1.700 metros de extensión por 108 metros de altura coronan a las Cataratas Victoria como las número 1 del planeta. Imagina una hilera de 8 cuadras abarrotadas de edificios de 40 pisos que derraman toneladas de agua desde la terraza. Por eso, el nombre nativo es Mosi-oa-Tunya, que significa «humo que truena». Nada más acertado para esta inmensa cortina líquida que se desliza por una grieta de rocas en el corazón de África. ¿Leíste África? Sí, eso mismo. Para conocerias, tendrás que viajar a Zambia o Zimbabue. Este inmenso salto de agua es una frontera natural entre estos dos países de la sabana africana.

En la Biblia hay varias piscinas naturales (calma, no cambié de tema, ya entenderás): el estanque de Betesda, el lago de los siete baños del rey leproso, el río donde pusieron la cesta con Moisés y hasta el estanque de Siloé donde el ciego se lavó los ojos. Siempre que había una piscina, lago o dique en la Biblia, algo extraordinario sucedía. Por eso, hoy te presento un lugar increíble: la piscina natural más aterradora que he visto.

En la cima de una de las caídas mortales de las cataratas Victoria hay una curiosa formación de rocas que forma un delicioso y pacífico estanque en la orilla del peñasco. Parece una bañera al borde de la muerte; por eso le dicen «La piscina del diablo». ¿Lo crees? Sus aguas, peligrosamente plácidas, burbujean para los turistas valientes que se atreven a estar en ese espacio que precede a la caída de las cataratas que se fundirán en el abismo.

¿Te darías un baño allí? Lo interesante es que esta piscina macabra no representa ningún peligro. Más de 300 mil turistas pasan por allí todos los años y no hay registros de tragedias. Por eso, pienso en la protección de Dios en nuestra vida. Podemos vivir ante un inminente precipicio en este mundo de pecado, pero el Señor sostiene las aguas y nos ofrece una experiencia segura. Las piscinas bíblicas fueron anuncios de lo que Cristo quiere hacer por ti, aunque las cataratas te asusten. Él quiere hacer la diferencia en tu día. Levantemos la cabeza y demos un buen chapuzón. Si el humo, el ruido, la altura, la presión y la fuerza de las aguas te impresionan, confía en el Dios que creó todo eso. A él le encanta verte disfrutando de tu día con seguridad.

¡Y no necesitas salvavidas!

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