|
Quiero hablarles hoy de la playa más bonita de Brasil para mí, sin discusión. Además, se la calificó entre las siete playas más lindas del mundo.
Una silenciosa orilla de suave arena se hace eco del sonido de las olas al golpear el inmenso acantilado que rodea el paraíso. Los árboles crecen entre las rocas rojizas, convirtiendo la pared en un jardín vertical colgante. Dos cascadas brotan de las alturas, deslizándose por el aire hasta convertirse en rocío cristalino sobre el suelo. Allí mismo, los huevos de tortuga marina están a punto de cobrar vida. En el aire, cientos de gaviotas sobrevuelan el lugar con sus nidos incrustados en los huecos de las rocas. El sol se sumerge en el horizonte como si se diluyera en aquel mar de siete tonalidades distintas de verde esmeralda y azul añil. Dentro de esas aguas, innumerables matices de color centellean entre los corales y los peces ornamentales que se deslizan por la cálida corriente. El lugar es único, como un sueño exclusivo, como ningún otro en el mundo. Se llama Baía do Sancho.
¿Y si viajamos allí? Esta playa, elegida entre las más paradisíacas de la tierra, se encuentra en el archipiélago de Fernando de Noronha, cientos de kilómetros mar adentro en el océano Atlántico. Como controlan la cantidad de visitantes que entran a la isla, tal vez puedas vivir lo que viví con mi esposa allí: los dos solos, en un atardecer, con toda la isla para nosotros.
¿Quieres más? Mientras los delfines giradores saltaban en el agua y hacían sus piruetas en el aire, vi un nido de ave en la parte más alta del acantilado. En la cima, a casi treinta pisos de altura, una rama solitaria se proyectaba sobre el abismo. En su extremo, una gaviota madre reposaba majestuosamente sobre su nido. Sin duda, aquello era un momento perfecto.
¿Podrías estar en paz como aquel pájaro que flotaba en el acantilado? Si un ave conoce la resistencia de una rama, ¿cuánto más los hijos de Dios deberían confiar en los brazos del Señor? Cree: el Padre celestial es todo lo que necesitas para vivir realmente en el paraíso de los sueños.
Baía do Sancho fue uno de los lugares en los que más cerca me sentí de la Tierra Nueva, pero lo que Cristo está preparando será aún mejor. Solo debemos confiar en él, amarlo, vivir con él y esperar con ganas su regreso. Será perfecto y no será solo un momento en el tiempo: será para siempre.