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Un cielo en la Tierra

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«¡OH SEÑOR MI DIOS, ERES GRANDIOSO!» (SALMO 104:1).

Solo tres mil personas viven allí. Tal vez sean los habitantes más privilegiados del mundo. He visto muchas cosas lindas, pero nada se compara con ese lugar. es un rinconcito. Sin embargo, es lo que más se acerca al cielo. Tuve que repetir el viaje. ¿Estás dudando?

Es un valle profundo, en forma de «U», con rocas claras cubiertas por una vegetación exuberante en la cumbre. Las laderas de las montañas descienden hasta la base llenas de flores del campo y del césped más verde que puedas imaginar. Hay unas casas minúsculas esparcidas por los campos; sus chimeneas perfuman el aire con olor a comida casera. Las cercas pintadas de blanco son el límite entre casas con jardines impecables que comparten el espacio con vaquitas idénticas a las de los paquetes de chocolates importados. Los pájaros sobrevuelan el cielo, mientras que a lo lejos se pueden ver los Alpes suizos nevados. Y lo más increíble: en el medio de esta aldea de los sueños, un hilo de agua se derrama por un altísimo paredón de piedra. El sonido de esa cascada y el vapor de sus gotas se esparcen por los campos y las calles. Simplemente, es todo bellísimo.

Escondida entre los Alpes suizos, la ciudad de Lauterbrunnen es un pueblo paradisíaco que lleva la brisa del cielo. Le hace honor a su nombre -que significa fuente brillante, y pasar por allí te lleva a restregarte los ojos para asegurarte de que no estás soñando. A ese lugar solo se puede llegar en el tren que sube hasta el macizo montañoso de Jungfrau, uno de los picos más famosos de Suiza. Ese viaje es una aventura que te quita el aliento con sus paisajes, acantilados y curvas increíbles.

¿Pensaste alguna vez en vivir con una cascada de «100 pisos de altura» que cae exactamente en tu jardín? Es eso lo que sucede en Lauterbrunnen. ¿Y qué te parece hacer allí un culto, en una iglesia pequeñita con techo rojo y un campanario? ¡Qué privilegio vivir allí!

Al pensar en todo eso, recordé el sábado y los salmos escritos para adorar a Dios. David sabía plasmar en letras y música cuán grandioso siempre será nuestro Creador; y cuando vamos a la casa del Señor es para reconocer su poder, majestad y buen gusto al crearnos e inventar tantas cosas bonitas. ¿Y si valoramos la mano divina a pesar del pecado? Imaginate un escenario perfecto cuando entres en la iglesia. Pues con Dios será mucho mejor.

Y ni Suiza podrá competir con esta bendición.

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