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Sirve de hogar para 22 millones de personas y es la ciudad más grande del hemisferio sur. Ocupa el sexto lugar entre las metrópolis más pobladas del planeta. La llaman «tierra de la garúa». Hoy les presento la ciudad donde vivo: São Paulo (San Pablo), en Brasil. Esta gran polis brasileña es importante y conocida en el escenario mundial, pero es un inmenso «manchón» gris cuando se la mira desde el espacio. Su mar ar de edificios, casas y rascacielos la muestra como una verdadera mancha sin color en las fotografías satelitales. Una multitud casi infinita. Y aunque sea así, abarrotada, caótica, estresante, San Pablo continúa atrayendo gente.
No era así hace 470 años. En ese tiempo, algunos jesuitas en una pequeña escuela hecha de barro empezaron a enseñarles sobre Dios a los nativos sudamericanos. Casi cinco siglos después, aquella desértica colina se transformó en la megalópolis que alberga casi siete millones de automóviles.
Hablar de San Pablo nos obliga a mencionar su primer viaducto y el más conocido de Brasil: Viaducto do Chá. Es un punto turístico tan significativo como el obelisco de Buenos Aires. Hace cerca de 120 años fue construido de metal y madera para facilitar la vida de los paulistas de la época. El nombre se debe a los vendedores ambulantes que circulaban por el lugar en los tiempos de las películas en blanco y negro. La ciudad creció de tal manera que hoy el viaducto está hecho de concreto y continúa siendo uno de los lugares con más circulación de esta ciudad.
Hablando de ciudades y pasajes, Jesús hacía grandes milagros y predicaciones frente al tempio de Jerusalén. En la actualidad, si fuera en San Pablo, sería como si Jesús molestara a las autoridades con su increíble popularidad en las cercanías del Viaduto do Chá. Por eso me gusta pensar cómo el Maestro le enseñaba a la gente en el lugar donde esta estaba.
¿Sabías que no sirve de nada ser cristiano aislándote de la gente? Si no te acercas y no haces nuevos amigos, tu cristianismo estará cada vez más escondido. ¡Eso no está bien! El verdadero cristiano sigue el ejemplo de Cristo; y Cristo se mezclaba con las personas.
Aprovecha este día para hablar a los demás de Dios. Hay gente que quiere saber más de la salvación y Jesús cuenta contigo para eso.
En el viaducto o el obelisco, haz tu parte entre tantas personas que andan por allí.