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Tomás dudó cuando todos creían. La India tiene 1.200 millones de habitantes, y allí se hablan 22 idiomas. La incredulidad de Tomás nunca fue olvidada. Más de 900 mil indios mueren intoxicados por agua no potable. Tomás no ha sido usado como un buen ejemplo a lo largo de los siglos. La India representa un gran desafío en la lucha contra el analfabetismo, la pobreza y la desnutrición.
«¡Cálmate!», puedes estar diciendo, ¿qué tiene que ver una cosa con la otra?».
Tu confusión comprensible delata mi posible desorientación. Pero te aseguro que todo tiene sentido. No es porque Tomás haya sido indio (porque no lo era) ni porque la India sea incrédula (porque no es así). En realidad, aunque parezca increíble, debo contarte algo importante y sorprendente: ese Tomás, el gran héroe misionero, ¡fue quien llevó el cristianismo por primera vez a la India! ¿Puedes creerlo?
Por desgracia, la Biblia no cuenta sobre el resto de la vida de este <discípulo de la duda» después del momento en el que creyó, cuando se atrevió a tocar las heridas del Maestro. A primera vista, nadie tendría una muy buena impresión de él luego de este descarado desvío de la ruta apostólica. Pero ¿sabes algo? Un error en la vida jamás significará el fin de toda una vida de utilidad. Los pecadores son restaurados y los incrédulos también tienen otra oportunidad. La historia contiene relatos consistentes de que Tomás, luego de evangelizar a Babilonia, Persia y Etiopía, finalizó su ministerio llevando esperanza al corazón de la exótica India. Este discípulo también murió como un mártir de fe atravesado por una lanza en la costa de Malabar, en el litoral indio. ¿No es increíble?
Cuando sueñes con visitar la India, acuérdate de Tomás, el curioso discípulo cuya grandeza de fe se volvió a encender luego de un momento fallido de pequeñez. ¿Y tú? ¿Te has sentido alguna vez el peor de los peores sin alternativa? No lo pienses más y levanta la cabeza. Tomás reescribió su historia al lado del mismo Jesús al que había cuestionado. Dios no lo borró de sus grandes planes divinos. Lo mismo sucede con nosotros. Podemos «perder la pelota», pero no es el fin del partido. Si Dios reforma todo, todavía habrá muchas cosas buenas para escribir. ¡Todavía puedes ser un gran héroe de la fe!
¡Un héroe de la fe como el gran Tomás!