Regresar

Un grito de victoria

Play/Pause Stop
"(LEVÁNTATE Y RESPLANDECE QUE TU LUZ HA LLEGADO!» (ISAÍAS 60:1, NVI),

La primera vez que vi el haka, no lo entendí. Hombres golpeándose el pecho, ojos desorbitados, pies golpeando la tierra y gritos que parecían rasgar el cielo. ¿Lo has visto? Se ha popularizado gracias a los All Blacks, la selección de rugby de Nueva Zelanda, que realiza esta particular coreografía antes de cada partido.

El haka es una danza tradicional del pueblo maorí, utilizada antes de guerras y ceremonias, marcada por gritos, golpes en el cuerpo y expresiones intensas. ¡Y la verdad es que da miedo! Se practica como un ritual de fuerza, unidad y respeto a los antepasados. Es como si cada músculo intentara decir: «¡Estoy vivo!»; «¡No huyo de la batalla!»; «¡Llevo mi historia en la sangre!». Esta danza de guerra no es solo un espectáculo; es un discurso sin micrófono, un testimonio de resistencia. Es el coraje estampado en el rostro antes de la tormenta. ¿Quién se atreve a ignorar la fuerza de un pueblo que baila como quien ya venció?

Cuando pienso en esta singular muestra de valentía, no puedo evitar acordarme de los primeros cristianos. A diferencia de los All Blacks, ellos no realizaban una coreografía intimidatoria frente a todo el estadio, sino que se enfrentaban a los leones con los ojos fijos en el cielo. Exclamaban «¡Maranatha!» con la frente en alto, incluso cuando la fuerza opresora del Imperio romano estaba contra ellos. Eran perseguidos mientras perseveraban en la fe. Tomás dudó, pero volvió a la batalla. Pablo fue encarcelado, pero nunca dejó de hacer oír su voz. ¿Y el Maestro? Sangró en Getsemaní, pero no retrocedió ante el Calvario. ¿Qué mayor ejemplo de valentía puede haber que ese?

Levanta tu voz, no para asustar a la gente, sino para recordarles al miedo, a la soledad y a la injusticia que tu Dios te hace fuerte. Dile al mundo que la gracia te eleva y que la cruz es tu suelo firme, que el Dios de los ejércitos marcha a tu lado y que la promesa de la eternidad es tu motivación. «Podrán caer a tu lado mil y diez mil a tu derecha, pero a ti no te afectará» (Salmo 91:7, NVI).

Los que tienen historia luchan con honor. Los que tienen fe se enfrentan a las dificultades con esperanza. Los que tienen a Dios ya han ganado, incluso antes de que empiece la batalla. Así que mantente firme. Estampa tu convicción en tu rostro. Aférrate de la fuerza del cielo. Demuestra tu valor. La batalla es real, pero la victoria ya tiene dueño y está garantizada.

Matutina para Android