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¿Alguna vez has saltado en paracaídas? ¿Te interesaría saltar desde el borde de un agujero tan alto y grande que miles de pájaros vuelan dentro de él de forma natural? Se trata de Sótanos de las golondrinas, una cueva natural considerada por muchos exploradores como «la cueva más hermosa del mundo». Se encuentra en Aquismón, localidad del estado mexicano de San Luis Potosí. Este sitio lleva tu adrenalina a niveles inimaginables. Su altura de 376 metros supera a la del famoso Empire States, de Nueva York.
En caída libre, el cuerpo humano tarda 10 segundos en llegar al fondo. Las paredes de este enorme orificio natural, generado por la erosión de las aguas, están cubiertas de plantas, árboles y nidos intocables de golondrinas. Además, cabe mencionar que, cuando llueve, innumerables cascadas se deslizan hacia lugares casi infinitos. Es un lugar tan aterrador como encantador. Para descender por esta cueva vertical, solo se puede si es con un rapel especializado o en un salto en paracaídas profesional radical. Y, como no hay otra forma de entrar o salir, esta cueva permanece casi intacta.
Lo que más me sorprende es que este hermoso cráter natural de proporciones gigantes fue causado por la paciente e incesante fuerza de la misma sustancia que cabe en un vaso: el agua. Sabemos que su presión mueve represas hidroeléctricas o devasta ciudades en un tsunami, pero tallar un precipicio como este escapa a la comprensión, ¿no es así? ¿Cuántos miles de años se necesitarían para esta excavación natural? ¿O cuán grande habrá sido el impacto de las aguas durante el diluvio para que esto sucediera? Me gusta pensar en la utilidad divina con la que Dios ha revestido este precioso líquido. Incolora, insípida e inodora, proviene de las nubes y serpentea desde los manantiales hasta los ríos, el agua es extremamente poderosa.
No es de extrañar que el Hijo de Dios se identificara a sí mismo como el Agua de vida. Su poder creador, regenerador y embellecedor, además de vital, es indiscutible. ¿Y qué tal si usas todo esto a tu favor? Esas golondrinas ni siquiera saben que su paraíso fue construido por el agua, pero tú puedes vivir un día increíble sabiendo que Cristo puede hacer todo en ti, y mucho más a través de ti. Créeme: beber de esta Agua divina es explorar cosas mejores. Prepárate para emociones fuertes con Jesús, quien hará su obra de arte en este día. ¡Y que vengan las golondrinas!