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El lugar que visitaremos hoy es un estrecho corredor de aguas furiosas. Dos paredes de rocas afiladas convierten el acantilado en un pozo cortante, la altura de uno de los lados supera el equivalente de un edificio de 17 pisos. Al atardecer, el ir y venir de las olas hace que todo sea aún más amenazante y peligroso. De repente, lo impensable aparece ante los ojos asombrados. Dos antorchas encendidas surcan el cielo y cayendo en picado desde el punto más alto de la roca. Lo increíble es que están sujetas por dos brazos de un cuerpo que salta en caída libre hacia la muerte. Este camino aterrador dura tres segundos que parecen eternos hasta que el impacto en la superficie del agua la hace salpicar como en una fuente. Alguien desaparece bajo las olas implacables y las antorchas se apagan en las aguas turbias. Mientras el silencio invade las expectativas del público, los ojos de todos esperan que la persona salga con vida. Nadie respira. Finalmente, una cabeza emerge en el remolino los brazos levantados confirman la gloria de otro salto exitoso. ¡Los aplausos son generales y el espectáculo es inolvidable!
Estamos hablando de un sitio llamado La Quebrada, en Acapulco (México). Este acantilado de rocas se ha convertido en una plataforma para saltadores valientes. Saltar desde allí requiere la máxima concentración para que la llegada de la ola, la velocidad del viento y el ángulo del salto se sincronicen para ofrecer seguridad. Cualquier error puede ser fatal si hay una colisión con las piedras puntiagudas sumergidas en aguas poco profundas. Nadie salta de allí sin la debida preparación.
¿Sabías que la regla de oro para quienes saltan desde las alturas es nunca golpear el agua con la cabeza? Los pies o los brazos extendidos deben tocar la superficie primero sí o sí. Porque las lesiones en el cráneo son desastrosas. Y muchos ya han salido heridos de La Quebrada.
¿Quieres proteger tu mente? ¡Los pensamientos son tu mina de oro! Y el valor irresponsable de experimentar lo desconocido pero prohibido es trágico. Cristo siempre te guardará mientras obedezcas. No arruines tu vida en aguas misteriosas, ni pierdas el cielo por tentaciones traicioneras. Vencerás con valentía el mal si te arrodillas en humildad. Si guardas tu imaginación en Dios, no estarás en peligro. Además, vivirás aventuras maravillosas si te arrojas a los brazos del Salvador.
Ese salto valdrá la pena.