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La Línea avanza

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"EL SEÑOR BENDIJO EL SÁBADO Y LO DECLARÓ DÍA SAGRADO» (ÉXODO 20:11, DHH).

Imagina que, como explorador viajero, estás haciendo una fila para ser atendido. Tu número es el 875. En una pantalla se anuncia el 37. Esperar es ver el tiempo en cámara lenta. ¿Te das cuenta de cómo se detiene si nos detenemos? Allí también espera la multitud que aprieta. Filas para la montaña rusa, filas en el quiosco en el entretiempo, filas en el médico, filas para conseguir el pasaporte... En fin, todo esto te obliga a esperar.

De repente, mientras ya estás cortando las hojas después de haber echado raíces plantado en el mismo lugar, alguien te hace una seña. Sonríes con recelo. La persona se acerca: «Hola, j¡qué bueno verte de nuevo!», grita. El Google de tu cerebro busca millones de recuerdos en milésimas. ¡Sí, es él! Te acordaste: una persona que no has visto en tres años. Ha pasado el tiempo y ahora es el mejor momento para ponerse al día: padres, viajes, deporte, música y muchas risas. Siempre es bueno volver a ver a los amigos. Mejor aún si tenemos tiempo para pasar el tiempo. Ambos se olvidan de los minutos y ni siquiera escuchan los pitidos de la pantalla cuando aparece el 875. ¡Es tu número! ¿Ya? ¿Tan rápido? Sí, el tiempo es relativo. Depende de ti encontrar amigos para acortar la espera.

Por eso, Dios inventó la iglesia y el sábado, herramientas divinas para acelerar el avance del tiempo. Cuando vemos a personas como nosotros, con luchas y vergüenzas similares, todos parecen amigos de viejos tiempos. Tiempos de un Edén donde una serpiente prometió lujo y entregó cartón. Desde ese día hasta hoy esperamos. Impacientes o somnolientos, todos esperamos con la esperanza de que se anuncie: «Vengan, hijos. ¡Yo he vencido al mundo! ¡Entren a mi hogar!».

Este día santo es para que no te canses de esperar. Si ha pasado más de una década desde tu nacimiento, sigue yendo a la iglesia para mantenerte fuerte. Los cultos son oportunidades para adorar a Dios y encontrarse con amigos nuevamente en la fila de espera del regreso de Cristo. Allí es donde vemos desde la perspectiva del «ya estamos casi allá», en lugar de un «falta mucho aún».

Es por eso que nos necesitamos los unos a los otros. Todos nosotros, juntos, luchando contra la añoranza y el sueño. No es fácil esperar, pero es bueno cuando pasa más rápido. Por eso voy a la iglesia, hablo con los demás, vibro de esperanza.

Entonces, ¿disfrutamos juntos del tiempo en la fila? Después de volver de la iglesia, lee Juan 14:1-3. Verás lo que nos espera después de aquí.

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