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¡Fiesta! El día 7 del mes 7 de 2007, la metrópoli de Río de Janeiro se unió al grupo de ciudades que poseen una de las Siete Nuevas maravillas del Mundo. Cien millones de votos reconocieron los lugares imperdibles de nuestra generación. Además de Machu Picchu, la Gran Muralla China y el Coliseo Romano, la Ciudad maravillosa de Sudamérica atrajo al mundo a su mayor atracción turística: el Cristo Redentor.
En la cima del cerro del Corcovado, a 710 metros sobre el nivel del mar, se alza una impresionante estatua de un Jesús de 38 metros de altura que mira hacia la bahía de Guanabara y a ocho millones de cariocas. Aunque es una escultura creada por el ser humano, visitarla es tanto una aventura turística como una experiencia de reflexión. Es una aventura porque, para llegar, puedes elegir entre un teleférico que atraviesa el bosque, un sendero de trekking o escaleras mecánicas. Y es una oportunidad para la reflexión porque, aunque he estado allí unas diez veces, siempre dejo la cámara a un lado para meditar en su significado. Al igual que esta escultura, Jesús siempre está ahí con los brazos abiertos para ayudarnos.
¿Cuándo fue la última vez que te sentiste recibido en los brazos de Dios?: ¿Ahora? ¡Muy bien!; ¿ha pasado un tiempo?, no te preocupes. Valió la pena viajar conmigo al cerro del Corcovado para recordar que el fuerte abrazo de Jesús es mejor que cualquier cosa en el universo. Es bonito tener un grupo de amigos, gente que nos quiere, pero ¿y si todo cambia de un momento a otro? ¿Qué pasaría si no te eligieran para el equipo de fútbol? ¿O si se burtaran de ti por no usar la ropa de moda como las chicas populares? ¡Calma! Todo pasa, y rápido. Solo una cosa no pasará: aunque se desplomen los cielos, los brazos de Dios siempre estarán abiertos de par en par, listos para cobijarte.
¿Recuerdas la historia de José, que fue arrojado al pozo por sus hermanos? ¿Y Moisés, que soportó las burlas de los magos del faraón? Noé fue ignorado cuando anunció una tormenta imposible, y Juan terminó solo en una isla desierta. ¿Sabes qué es lo que más me gusta de estas historias? Todos ellos contaban con los brazos de Jesús. Incluso si no tienes a nadie a tu lado, el Señor siempre te dará un fuerte abrazo.
Que llegue un nuevo día de aventuras y, ya sea con amigos, sin ellos o a pesar de ellos, recuerda que esos brazos siempre están abiertos para ti. Eso es más grande que cualquier maravilla del mundo.