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Mil millones de dólares. Esa fue la fortuna gastada para construir una sola casa. «Antilia» fue el nombre que se le dio a esta manhogar al hombre más rico de la India, Mukesh Ambani. Este multimillonario eligió el sofisticado sector sur de la ciudad de Bombay, donde el metro cuadrado cuesta diez mil dólares, para ocupar un megaterreno de 4.500 metros cuadrados. Pero espera, ¡eso no es nada! ¿Quieres saber algo absurdo? La casa tiene 27 -¡ sí, 27!pisos. Y también tiene un estacionamiento para 168 vehículos, nueve ascensores, un helipuerto con control de tráfico aéreo, un spa, una sala de yoga, un salón de baile, un teatro con cincuenta asientos y, además, tres pisos de jardines con varias piscinas. Ah, otro detalle: hay seiscientos empleados a tiempo completo que atienden exclusivamente a los únicos seis residentes adinerados (el: padre, la madre, los tres hijos y la suegra). ¿Qué te parece?
Sin embargo, semejante ostentación generó malestar en todo el mundo, pues, en el mismo suelo indio, la tremenda pobreza generalizada mata a muchos niños de hambre. ¿No es para preguntarse por qué existe esta contradicción? La triste realidad es que hay personas que viven en palacios envidiables, pero que esconden un corazón egoísta digno de una choza.
Por eso, creo más en las mansiones celestiales. Lo que se está construyendo en el cielo para nosotros convertirá cualquier mansión terrenal en una choza barata. Pero, para llegar a esas mansiones, debes tener a Jesús como huésped en la casa de tu corazón. La verdadera riqueza de la vida no se encuentra en lo que muestras al mundo, sino en lo que le revelas sinceramente a Dios. El mismo Dueño del universo es el que entregó su propia vida para nuestra salvación. Esto es impagable, pero tú y yo lo recibimos gratis.
Vivamos este día con aires de palacio divino. ¿Qué te parece viajar con la imaginación y pensar en lo que Jesús hará para sorprenderte allí? Agradécele a Dios, no por lo que te gustaría tener y no tienes, sino por lo que ya tienes y conocerás cuando Cristo regrese. Valdrá la pena todo el esfuerzo y la espera para conocer esa casa. Será exclusivamente tuya. Pero no tendrás empleados allí, ¿okey?