Regresar

Taz

Play/Pause Stop
El pecado ya no Es más su amo» (Romanos 6:14).

Olvídate del personaje del dibujo animado. Su aspecto, hasta cierto punto humorístico, no tiene nada que ver con la terrorífica bestia a la que representa. Warner Bros popularizó el simpático nombre Taz, pero esta taz-manía global está bastante alejada del verdadero animal. Los que lo hayan visto alguna vez no deben querer repetir la experiencia.

Hoy vamos de un salto a una islita australiana llamada Tasmania. Allí se encuentra el marsupial carnívoro más grande del planeta. El nombre ya suena a amenaza -demonio de Tasmania- y sus hábitos son aún peores. Tiene dientes afilados, una boca enorme que emite gruñidos ho- rribles, pelos negros y gruesos, y parece una rata enorme con orejas de pitbull. La oscuridad de la noche es su momento preferido y, por eso, puede aparecer de la nada por las calles tasmanas. Nadie se olvida de esos chillidos horrendos.

¿Y su comida? Prefiere la carroña de animales muertos y en estado de descomposición. A su olfato no le importa el olor hediondo de carne podrida. Cuando varios de ellos se juntan para devorar un cadáver, todo se convierte en un desorden total del que salen privilegiados los más fuertes y hambrientos. Este animal es tan repugnante que, si es necesario, devora a sus propias crías para la supervivencia personal. ¿Qué es lo más intrigante? Son completamente inmunes a las bacterias cadavéricas y las infecciones de los microbios que tragan junto a su «banquete podrido».

¿Sabías que el pecado es como Taz? No el de los dibujitos, sino como este animal que parece no conocer límite alguno. El mal puede existir en medio de la suciedad, la contaminación y la muerte. Para el verdadero enemigo del planeta, cuanto más pueda perjudicarnos, mejor. Y noso- tros solos jamás podremos vencer esta amenaza inmensa, a menos que nos protejamos detrás del Calvario. Jesús es el único capaz de ponerle punto final al diablo. Su muerte en la cruz eliminó la ventaja del pecado sobre nuestra vida. Lo único que debemos hacer es buscar refugio en sus brazos, además de encontrarnos con él diariamente y creer en el poder de su amor.

Vivamos este día lejos de Tasmania y cerca del Señor. Seremos más feli- ces para siempre y podremos disfrutar de una vida mucho mejor. Y, si pecas, no te olvides: ¡no insistas en repetir esa experiencia! ¡Nunca valdrá la pena!

Matutina para Android