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Viajar a Machu Picchu, en Perú, es vivir un sueño impresionante. La vista se pierde en la inmensidad de las montañas altísimas en un gran valle verde. Las ruinas de esta ciudad milenaria se hallan incrustadas en la cima de un pico montañoso a 2.400 metros de altura. ¿Pensaste alguna vez que esta civilización habitaba normalmente a una altura equivalente a la de un edificio de 857 pisos? Y allí tenían 172 casas, una municipalidad, huertas, templos y plazas. Eso sin mencionar que las plantaciones agrícolas parecen deslizarse por las laderas y casi se pierden precipicio abajo. ¡Es alucinante! Y pensar que todo eso se realizó en la fase más gloriosa del Imperio inca, allá por el siglo XV.
Lo que más me sorprendió de este viaje fue ver las toneladas de piedras cuidadosamente recortadas en cubos para apilar, que servían para armar paredes y muros. ¿Cómo pudieron recortar así las piedras? Todos esos ladrillos naturales hechos de rocas puras fueron moldeados con madera. Si nunca viste una madera que corta granito, prepárate porque los incas lograron esta proeza.
Los guías turísticos del lugar cuentan que, para hacer tantos bloques de piedra, los constructores solo utilizaban madera y agua: se hacían agujeritos en la roca y, en esos espacios, se introducían pedazos de madera mojada. Usando técnicas locales de enfriamiento, se congelaba el agua y, como aumentaba de tamaño al pasar de estado líquido a sólido, se multiplicaba la presión interna. Como resultado, la piedra se rompía al medio y se formaban pedazos más pequeños y fáciles de manipular. ¿Se construyó una ciudad entera gracias a la fuerza del hielo dentro de la roca? ¡Exactamente! Quedé con la boca abierta al pensar en el poder de la madera congelada. ¿Y quién dice que un lápiz no puede partir una montaña?
No tengas miedo hoy de enfrentar tus mayores desafíos. Si Dios está contigo, ni las piedras serán más fuertes que la «presión protectora» que viene del cielo. Por sí solo, el ser humano es una simple ramita frente a la durísima roca; sin embargo, con Cristo es posible hasta cortar nuestros grandes problemas al medio. ¿Qué tal?
Permite que Jesús haga maravillas en ti y a través de ti. Con un compañero así, ni las piedras serán invencibles.