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Todavía recuerdo aquella desilusión. El castillo se convirtió en choza, y con un sabor horrible. Siempre me encantaron las aceitunas. Si no me controlo, puedo devorarme un frasco entero jen cada comida! Pueden ser las verdes o las negras, grandes o pequeñas, pero ya al verlas de lejos se me hace agua la boca. Ahora, imagina mi euforia cuando tuve la oportunidad de ver, por primera vez, un olivo legítimo cargado de frutos radiantes que parecían esmeraldas comestibles.
Si vas a Europa -a España, Portugal, Italia o Grecia-, probablemente te cruzarás con un olivo. El aire del Mediterráneo, sumado al sol, la tierra y las colinas, favorece la producción de las mejores aceitunas del planeta. ¡Y yo estaba allí, loco por probar una directamente del árbol!
Eso fue lo que hice. Deslicé ansioso la mano por una rama, tomé un puñado de aceitunas frescas entre los dedos y me las metí directamente en la boca. Cerré los ojos para experimentar algo inolvidable. ¡Qué asco!
De repente, el sueño se transformó en la peor pesadilla para mi lengua. Al masticar, sentí un sabor tan horrible, amargo, rancio y tenebroso que mi rostro se desformó como una figura de cera que se derrite. Me faltó aire, vi las estrellas de día y, desesperado por el hormigueo en mi boca, escupí todo con vergüenza. Fue entonces cuando alguien dijo: «¡Eh, estás loco! ¡Nadie come olivas antes de que se conviertan en aceitunas!». La pura verdad que aprendí en la práctica fue que las aceitunas solo son lo que son después de pasar un buen tiempo sumergidas en una salmuera, un tipo de agua con sal, y condimentos.
La vida también es así. Algunas cosas buenas surgen a través de un proceso de tiempo y transformación. Jacob era consentido por su madre, engañó a su hermano y huyó del enfrentamiento con su padre. ¿Qué lo convirtió en Israel con sus doce tribus? Una noche en la que luchó con Dios hasta que le dolió el muslo; ese episodio transformó su corazón.
Madurar en la vida es aprender de una vez por todas que no sabemos muchas cosas. En ese momento, Dios se convierte en nuestro Refugio, Maestro y Salvador. Esto es lo más hermoso que le puede suceder al ser humano: la conversión. Renacemos a la eternidad de una amistad con Jesús cuando nos sumergimos en su amor. ¿Y? ¿Estás listo para transformarte en un verdadero cristiano hoy? ¡Pídeselo a Dios! ¿O prefieres ser una oliva de sabor detestable?