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El palacio de la arrogancia

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«LA VERDADERA HUMILDAD Y EL TEMOR DEL SEÑOR CONDUCEN A RIQUEZAS, A HONOR Y A UNA LARGA VIDA» (PROVERBIOS 22:43.

Quedé con la boca abierta y casi se me salen los ojos al pasar por esos portales. El lujo era tan grande que me sentí como un pordiosero. Entrar al palacio más opulento del mundo fue como sentirme un plebeyo que le pide pan a un noble.

Cerca de París, capital de Francia, el Palacio de Versalles atrae multitudes de turistas hipnotizados por su belleza. Allí llegaron a convivir simultáneamente 36 mil personas adulando a Luis XIV, un monarca arrogante que se apodó a sí mismo «el Rey Sol». ¿Te imaginas eso? Dentro de aquellos ventanales decorados con opulencia sin igual, la nobleza vivía de manera vacía gastando y desperdiciando el dinero de la hambrienta plebe. Esto fue así hasta que, un siglo después, la Revolución Francesa llevó al pueblo a invadir el palacio para derrocar a la monarquía con sus propias manos. La realeza fue ejecutada y Versalles se convirtió en un símbolo del pasado egoísta.

El lugar más visitado de este complejo de palacios es un corredor. La Galería de los Espejos es un espacio tan brillante y luminoso que hace doler los ojos; hay tantos cristales decorando 17 paredes espejadas que el visitante se siente en una burbuja de vidrio encantada. Los reflejos de los infinitos jardines y fuentes inundan el ambiente. Podemos imaginarnos la arrogancia de aquellos nobles que desfilaban y admiraban su brillo reflejado en los marcos del castillo.

¡Es inútil! El orgullo forma parte de nuestra naturaleza humana. Desde la entrada del pecado, la vanidad y el egoísmo han sido armas poderosísimas de tentación en manos del enemigo. Pero nadie soporta convivir mucho tiempo con gente que se cree mejor que los demás, ¿o a ti te gusta estar con alguien que vive con la nariz parada? ¡Claro que no! Nunca lo olvides: la humildad es la verdadera corona de la realeza de Dios. En su Reino no entran las personas creídas, arrogantes, y mucho menos los pretenciosos. Y si Jesús nos dio el ejemplo aquí en la Tierra, vale la pena seguirlo por el camino de la sencillez, ¿verdad? Él nació en un pesebre de paja para probar que ningún ser humano es el «sol» de nada. Y la cruz fue la mayor lección de sumisión de un Creador que se sometió al castigo que merecían sus propias criaturas.

Disfruta este día, con el Sol en su lugar, y reflexiona solo en el amor de Dios. Así serás noble como un humilde cristiano.

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