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Un atleta olímpico corre a una velocidad de hasta 36 kilómetros por hora (km/h). Un avión despega de la pista a más de 200 km/h. El barco más rápido del mundo pasa los 90 km/h. Y un Ferrari alcanza los 350 km/h. ¡Es mucha velocidad! Y cuando se trata de velocidad, probablemente un tren no formaría parte de los mejores números ¿verdad? Incorrecto. El tren bala que sale de París con destino a Estrasburgo (al sur de Francia) sobrepasa la increíble velocidad de los 320 km/h.
Viajar en un vehículo así no tiene nada que ver con los trenes urbanos que siempre ves. Estos «aviones sobre vías» literalmente vuelan y llevan a sus pasajeros con seguridad y comodidad como si estuvieran en el sillón de sus casas. Además de que son más ecológicos que los ómnibus y los aviones, no enfrentan tráfico aéreo ni congestionamiento en las calles. No es de extrañar que en el continente europeo los trenes bala se hayan convertido en un medio de transporte muy utilizado. Todo eso sin tener en cuenta la puntualidad extrema: por ejemplo, un tren sale sí o sí a las 16:58. Sus osados formatos aerodinámicos han hecho de estos convoyes en verdaderas aeronaves que atraviesas montañas, túneles y valles. Sus inmensas ventanillas redondeadas también dejan ver imágenes deslumbrantes en estos trayectos «aceleradísimos». Es un viaje de esos en los que el recorrido puede llegar a valer más que el destino en sí.
No sé a ti, pero a mí me gusta ir sacando fotos, grabando recuerdos y preguntando todo a quienes saben en mis viajes. Si viajar en tren bala es una experiencia curiosa, imagina aprovechar cada día las oportunidades que Dios te da.
Alguien dijo una vez «la victoria es el recorrido». ¡Interesante! Hay gente tan obsesionada con la llegada que no disfruta el paisaje del camino. No hagas eso. Haz de este momento un viaje extraordinario que te traiga nuevas amistades, gente buena, paseos saludables y la presencia de Dios en todo. Con Jesús, la velocidad aumenta y un viaje cansador en un tren que no para de sacudirse se convertirá en la fantástica experiencia de acelerar en la dirección correcta. Si estás al lado de Cristo, habrá muchas cosas nuevas por delante y todo mejorará.
Y, de repente, ya habremos llegado al destino eterno que, en realidad, está cerca.