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Multa merecida

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«EN MI ANGUSTIA ME DISTE ALIVIO» (SALMO 4:1, DHH).

Nos pasamos gran parte de la vida dentro de vehículos. Conducir es algo que, tarde o temprano, tendrás que hacer. Ese día yo estaba cumpliendo un sueño. Si las carreteras en mi país están descuidadas y llenas de baches, las autopistas en Alemania son todo lo contrario. Además de ser enormes, perfectas y seguras, ¿sabes qué es lo más increíble? ¡Algunas no tienen límite de velocidad! ¿Lo crees? Estaba tan emocionado por experimentar esta «aventura segura» que alquilé un Mercedes-Benz por el precio de un Fiat.

El viaje iba maravillosamente bien, y yo tenía la sensación de estar en un verdadero autódromo público. De repente, un escalofrío recorrió mi cuerpo, del volante al pedal, al escuchar una sirena aterradora de un coche de policía que venía justo detrás de mí. Era un Audi azul de último modelo, sin ninguna identificación visible, solo con una luz intermitente colocada manualmente. Parecía una película con una persecución policial de oficiales disfrazados. ¡Y era verdad! Dos «goliats» bajaron y me ordenaron que saliera. A diferencia de David, mis piernas temblorosas me llevaron hacia el coche de policía para que comenzaran a «darme una lección».

En ese momento entendí la infracción: ya había cruzado la frontera con Austria hacía un rato y circulaba muy por encima de la velocidad permitida. Además, habían filmado durante 15 minutos mi coche cambiando de carril en cada curva, como si estuviera en la Fórmula 1. La multa llegó, y sin discusión, perdí 100 euros. ¡Incluso pagué con la máquina de tarjeta de crédito que tenían dentro del patrullero! ¿Puedes creerlo?

A nadie le gusta recibir multas, pero cuando la mereces, hay que quedarse callado y pagar, jaunque con lágrimas en los bolsillos! Las leyes austriacas no permitían ese «baile» de un lado a otro a 170 km/h en sus carreteras y, gracias al alcoholímetro impecable, no terminé preso. ¿Te imaginas? No hay vuelta atrás. Las reglas existen para ser obedecidas y punto.

Hoy tendrás un día lleno de tentaciones para sobrepasar límites y desobedecer los consejos sabios. ¡Ni lo pienses! No pases vergüenza como yo en esa carretera. En el viaje de hoy, haz lo correcto para no tener que pagar después. Mira las señales de tránsito de la Palabra de Dios y avanza. No recibirás una multa si sigues la voluntad de Jesús y llevarás tu vida sin atropellos.

¡Ah! Y la próxima vez, no lo pensaré dos veces: alquilaré un coche con motor 1.0.

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