|
Indescriptible. Con esta palabra comenzamos ayer un viaje espantoso al recordar los campos de exterminio nazis. Y fue en Auschwitz donde tuvo lugar una de las historias más conmovedoras.
Después de refugiar a más de dos mil judíos, el fraile Maximiliano María Kolb fue arrestado y enviado al temido campo de concentración de Auschwitz. En julio de 1941, un hombre del mismo bloque que Kolb intentó escapar. Como venganza, los nazis eligieron a otros 10 prisioneros para que murieran de hambre. Uno de ellos era Francisco Gajowniczek, quien suplicó por su vida alegando que tenía una familia hermosa con esposa e hijos. Esa desesperación provocó en Kolb la mayor demostración de amor desinteresado por un extraño. Dio un paso al frente y pidió reemplazar al esposo y padre angustiado.
Los guardias aceptaron fríamente la oferta, pero después de dos semanas de privación total de alimentos, Kolb seguía con vida. Finalmente, los nazis decidieron acabar con su vida con una inyección de veneno. El otro hombre privilegiado sobrevivió los años de la guerra y regresó a los brazos de su familia. Vivió agradecido durante 53 años más hasta que falleció un día como hoy, en 1995.
Confieso que lloré cuando realicé este viaje por la historia. ¿Sabes lo que realmente significa la palabra «GRACIA»? Recibir algo que vale como tu vida sin merecerlo. ¿Qué llevó a un hombre a morir de hambre en lugar de otro cuyo nombre ni siquiera sabía? Y, ¿será que ese sobreviviente pasó algún día sin agradecer por el milagro de la vida? Estoy seguro de que no. Dicen que, hasta el día de su muerte, Francisco nunca dejó de hablar sobre «ese salvador» que le regaló cinco décadas más de vida.
¿Sabías que despertamos cada mañana por una sola razón? Alabar y agradecer por la muerte de Jesús en nuestro lugar. Nada más. Todo lo que hacemos, estudiamos, jugamos o disfrutamos, es gracias a un Salvador divino que renunció a su vida por la nuestra. Cristo fue al lugar donde tú y yo debíamos haber ido. Y lo más hermoso de todo: lo hizo porque quiso. Nadie lo obligó ni le suplicó.
¿Alguna vez has pensado en el vacío que se abre en el corazón de Dios cuando vivimos desconectados de él? ¿Por qué no oras ahora mismo, pides perdón por olvidarte y agradeces por el cielo con todas tus fuerzas? Tu día será grandioso por la gracia de Jesús.