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El sol parece freír la piel. Los ojos no soportan el viento que arroja arena desde el horizonte infinito. La imagen es siempre la misma. Un cielo que parece un horno y las dunas una sartén. La completa falta de agua provoca una sed que sofoca. Absolutamente. ¿Qué lugar es este? El desierto de Ica, en Perú.
De repente, cuando las fuerzas se agotan y el viajero se rinde ante la última duna de su supervivencia, desde lo alto un espejismo se presenta ante los ojos. Un inmenso lago de aguas verde esmeralda, rodeado de cocoteros tropicales, seduce la imaginación del pobre sediento. Al senque está perdiendo la razón, se lanza cuerpo abajo, rodando hasta golpear el suelo y dar su último suspiro. Para su sorpresa, su rostro toca un pedazo de pasto muy verde. Arrastrándose hasta la orilla, se tira al agua fresca como quien sueña despierto. ¡Sí, sobrevivirá! Y gracias al oasis más famoso de América: la laguna de Huacachina.
En medio de la nada, el oasis es un milagro visual impresionante. Un manto de agua aparece allí y crea un escenario de playa. Árboles, flores, agua limpia y sombra fresca componen el «espejismo real» del lugar. Hoy en día, incluso hay una comunidad que se formó alrededor de este verdadero paraíso que riega con esperanza la aridez del desierto.
Jesús es un oasis para el alma perdida. Podemos construir edificios, viajar a todos los rincones del mundo, tener miles de contactos en el celular, o incluso lograr las mejores calificaciones de la clase. Todo eso se convierte en desierto cuando se acaba la esperanza de un lugar aún mejor. Escribo estas líneas después de una semana trágica llena de malas noticias: una amiga de la infancia fue cruelmente asesinada en una habitación de hotel y la hija de nuestro portero perdió la vida por estar al lado de una chica involucrada con pandillas. Y me pregunto: ¿esto es el paraíso? ¡No!
Pero la Biblia nos señala una sombra fresca en la desgracia del mundo: Dios. Invitarlo a estar a nuestro lado en este día es descubrir un oasis que puede fortalecer nuestro ánimo. Cree que, con Jesús, las pruebas del día serán presagios de un Señor que está volviendo. Ahora mismo pídele a Dios que sacie la sed de tus mayores ideales. Porque fuiste hecho para deleitarte en los manantiales de agua pura.
Y un día, muy pronto, todo el desierto desaparecerá en ese oasis del tamaño del cielo.