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¿Vamos a Croacia? Este país cerca de Italia le dio origen a un elemento de la vestimenta masculina que, tarde o temprano, y guste: o no, todo hombre usará algún día. Ya sea en su boda o, peor aún, en su propio funeral. Es la corbata, un accesorio que aman los hombres formales, pero lo odian aquellos que prefieren pantalones cortos y zapatillas deportivas.
¿Sabes cómo surgieron las corbatas? Se dice que, en la Guerra de los Treinta Años (1618-1648), mientras Europa hervía de batallas, los mercenarios croatas se presentaron como apoyo al gobierno francés. Cuando ellos entraron por las calles de París, lo que más llamó la atención de todos fue que portaban unos pañuelos inusuales y pintorescos anudados al cuello. A la sociedad parisina le gustó la idea debido a la elegancia que brindaba esta prenda. Entonces, comenzaron llamando cravat a este adorno, que significa «croata». Desde allí, se difundió por el mundo hasta llegar a nuestras manos con su versión en español: corbata.
¿Te imaginabas que las corbatas surgieron hace más de 400 años en Croacia? Por eso, es interesante pensar en la importancia de la influencia. ¿Sabías que siempre influenciamos o somos influenciados por alguien? Nadie es 100% auténtico, porque todos observamos a los demás y somos impactados por su comportamiento. ¿Has pensado alguna vez en cuántos «te miran» y aprenden de tu forma de ser? Por desgracia, hay personas como Lot, quien «miró» tanto las atrocidades de Sodoma y Gomorra que terminó mudándose allí. Y eso fue una tragedia para la vida espiritual de su familia. ¿Y el pueblo de Israel influenciado por los dioses de los filisteos, como Baal? ¿Y Eva cuando siguió el aterrador ejemplo de la serpiente del mal?
No lo dudes: O estás copiando o te están copiando. Y eso no es algo malo, solo es nuestra realidad de «ser humanos» viviendo en sociedad. ¿Por qué no le pides a Dios que te ayude a imitar las cosas buenas de los demás? Casi todo el mundo tiene algo constructivo para mostrar.
¿Y qué pasa con tu ejemplo? Ora para que los demás sigan tus mejores pasos. Ser un verdadero cristiano es mostrar algo de Cristo que se refleja en nuestra forma de ser. El mundo es una audiencia que observa si nos parecemos al Jesús que decimos conocer.
Y eso tiene mucho más valor que un nudo de corbata.