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El ojo que todo lo ve

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«LOS OJOS DEL SEÑOR ESTÁN EN TODO LUGAR» (PROVERBIOS 15:3).

¿Te gustan las ruedas gigantes? También son llamadas norias o vueltas al mundo. Al menos a mí, cada vez que subo a una, siento una

mezcla de curiosidad y temor. Porque si bien las alturas no son lo mío, la vista desde allí arriba supera al miedo. La última vez que subí, me di cuenta de que mi hija era más valiente que yo. Me hice el superhéroe, aunque las piernas me temblaban como si fueran de madera. A pesar de ese «papelón», me encanta la sensación de ver las cosas desde lo alto.

¿Qué te parece si probamos la rueda gigante más grande del mundo occidental? Con tres millones de visitantes al año, es una de las atracciones más populares de Inglaterra. Su inmensa estructura, ubicada en las orillas del río Támesis, puede verse a kilómetros de distancia. ¡El punto más alto es de 165 metros de altura! Esto equivale a casi 65 pisos de puro vértigo. ¿Qué dices? ¿Te animas? Pero, quédate tranquilo, porque los visitantes permanecen dentro de cápsulas de vidrio que dan una vuelta completa en 30 minutos maravillosos de contemplación. Por eso la llaman «el ojo de Londres». Cuanto más alto sube la cabina, mejor es la vista de cada rincón de la capital inglesa. Desde allá arriba, debo confesar que olvidé el miedo y me dejé maravillar por la oportunidad de ver prácticamente todo.

¿Sabías que con Dios sucede algo similar, pero mucho mejor? Nuestro Padre celestial tiene un don divino llamado omnisciencia. Es una 'palabra extraña, lo sé, pero significa que él sabe todo, ve todo y conoce todo; desde el universo entero hasta tu vida y la mía. Dios supera a cualquier rueda gigante. Dios tiene un «ojo que todo lo ve». Puedes esconderte de tus amigos, mentirles a tus padres, pero ¡de ninguna manera puedes escapar de la mirada de Dios! Él sabe todo lo bueno que hiciste y también cada error que no debiste cometer.

Vive este día recordando que Jesús te está mirando. Si «el que nada debe, nada teme», no tengas miedo de ser observado por aquel que te ama más que cualquier otro en el mundo. Si cometes un error, no intentes esconderte; arrodillate y pide perdón, porque Dios está contigo en cada momento. Él cuida tus sueños, se alegra cuando juegas al fútbol y hasta guarda en secreto tus conversaciones con tus amigas. Por eso, es hermoso tener un Amigo que sabe todo incluso antes de que lo digas. Eso te da seguridad, protección y, lo más importante, la certeza de la salvación.

La próxima vez que subas a una rueda gigante, piensa en esto. Y quién sabe, ¡quizá con él logremos perderle el miedo a las alturas!

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