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Estás siendo arrastrado por una corriente en un bote fuera de control. Ya es demasiado tarde para saltar cerca de la orilla. El agua empurepente, el agua desaparece y el bote cae por una cascada. Solo gritas. Y sigues cayendo. Ahora imagina caer durante casi 20 segundos.
En Venezuela se encuentra la cascada más alta del mundo: el Salto Ángel. Es la atracción más impresionante del río Churún, que nace en lo alto de una roca altísima se precipita desde 979 metros. La caída es impresionante, y el agua cae desde tan alto que se convierte en lluvia antes de tocar el suelo. Piensa en un rascacielos de 350 pisos: jel salto es más alto! Toda esta altura está enmarcada por un paisaje de selvas, ríos, nubes y aves, un escenario casi edénico. Es absolutamente paradisíaco. Ahora enfoquémonos en la caída de cerca. Las caídas son siempre hacia abajo, y siempre nos dejan peor que antes. Te esfuerzas por algo, pero alguien te pasa por encima. Caída. Llegaste a una escuela nueva y ya te pusieron un apodo molesto. Caída. Prometiste que evitarías problemas, pero no cumpliste. Otra caída. Hiciste algo incorrecto pensando que nadie lo sabría. Una caída más. Todos caemos. Tarde o temprano, de una forma u otra, todos caen. Y lo curioso es que ninguna caída parece pequeña. Todas parecen altas y dolorosas. Por eso competimos, disimulamos y luchamos, tratamos de proteger nuestro «equipo personal» en el juego de la vida. Pero ¿qué hacer después?
Volvamos al Salto Ángel. Después de los interminables segundos y metros de caída, las gotas del río se dispersan, pero pronto vuelven a unirse y siguen su curso por el valle. Es una lección para la vida: el agua siempre sigue su curso. Tú también puedes seguir adelante, incluso con las rodillas lastimadas.
Dios siempre sostiene con fuerza a sus hijos, ya sea mientras caen o después de haber caído. Puede que tropieces, te confundas y caigas, dentro o fuera del bote, pero llegar al fondo no es el final, es un nuevo comienzo. Confíale el futuro de tu mundo al mismo Dios que creó la mayor cascada del mundo. Levántate con firmeza, ve a él con arrepentimiento y deja las caídas atrás. Aún hay mucho río por delante.
La vida sigue más allá de tus caídas.