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Un brazo por la vida

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"AÚN MÁS GRANDE ES LA GRACIA MARAVILLOSA DE DIOS Y EL REGALO DE SU PERDÓN» (ROMANOS 5:15).

<Supervivencia»: Esta palabra tiene el poder de llevar al ser humano a superar límites inimaginables. Hay un lugar espectacular en los Estados Unidos llamado Canyonlands, que nunca volvió a ser el mismo. Los 500 mil turistas anuales de este Parque Nacional no podrían reunir tanta fuerza para recorrerlo como la de un solo hombre que lucha por vivir. Las situaciones extremas llevan la valentía humana más allá de lo impensable.

Hace algunos años, Aron Ralston, un alpinista de 27 años, miraba hacia atrás y veía muchas aventuras acumuladas, pero ninguna se acercaría a la que lo esperaba. Sin que nadie lo supiera, cuando este explorador amante de las emociones fuertes escalaba el cañón, de forma inexplicable, cayó por una grieta y quedó atrapado por el brazo derecho bajo una roca. Los siguientes cinco días tuvo que sobrevivir con una botella de agua, soportando el frío nocturno del desierto y el abrasador sol del día, sin comunicación ni posibilidad de ser rescatado. Su desesperación llegó a tal punto que la vida gritó más fuerte que la razón. En un acto de valentía increíble, forzó una fractura y utilizó una pequeña navaja desafilada para amputarse el brazo. Para escapar, aún tuvo que descender 20 metros con cuerdas usando solo el brazo izquierdo y arrastrarse kilómetros hasta ser encontrado por turistas y, finalmente, rescatado para contar su increíble historia.

¿Cuál es el límite del ser humano? Nunca lo sabemos, hasta que una emergencia crítica aparece inesperadamente. La vida es el bien más valioso que posees. Desde el Edén, el deseo de inmortalidad ha permanecido intacto, a pesar de la muerte que trajo el pecado. Por lo tanto, aprende a preservar la vida de la mejor manera posible. Con Dios, ten cuidado con lo que comes, bebes, respiras, ejercitas y proteges. Tu capacidad de superarte puede llevarte a realizar actos heroicos y extraordinarios mientras el clamor por la vida siga vivo en tu corazón.

Y si hablamos de vida eterna, lo que el Padre celestial hizo por nosotros es aún más inesperado: «amputar» la vida de su Hijo en la cruz para devolverles a sus otros hijos la eternidad. Esto, en la práctica, es lo que teológicamente llamamos «gracia». Este sacrificio inmenso fue hecho por ti y por mí. Vive este día valorando todo lo que Dios ha hecho. Valdrá la pena hacer algo por él también.

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