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Hay un país hermoso con un círculo rojo estampado en su bandera blanca. ¿Sabes de qué nación estoy hablando? ¡Sí! Japón. ¿Puedo compartir contigo algunas curiosidades que aprendí de allí? Japón es el país con el índice más bajo de obesidad del mundo. Los japoneses consumen alimentos bajos en grasa como pescados, algas marinas y arroz. Esto los mantiene en forma.
En Japón los niños van solos a la escuela desde muy pequeños. Aunque sus padres los «espían» a la distancia, creen que esto los ayuda a madurar. Además, tienen como deber sagrado cuidar a los mayores. Los abuelos son respetados y llamados «patrimonio vivo de sabiduría». Son personas que deben ser admiradas y protegidas.
En Japón los conductores manejan del lado derecho y las carreteras están a la izquierda. ¡El lado correcto para ellos es contramano para nosotros! Eso me sacó de mi zona de confort. Asimismo, su alfabeto tiene más de tres mil símbolos que funcionan como expresiones completas que deben memorizarse. Esto demuestra que la mente puede aprender mucho más de lo que creemos.
Japón es el país en el que no se entra con calzado a la casa, mucho menos a una iglesia -estos lugares se cuidan con una higiene especial y la suciedad debe quedarse afuera-; y donde la educación con la que se relacionan hace que todo viajero reconsidere su propio comportamiento, y se haga más amable y simpático con los demás.
En Japón el ejercicio físico forma parte del día a día. Es común ver a <jovencitos» de 80 años caminando al aire libre, demostrando que la vejez es algo de quienes abandonan su cuerpo en el tiempo. Además, el honor familiar es algo tan sublime que los hogares están blindados por la obediencia de los hijos hacia sus padres.
Japón es el país cuyo pueblo, después de la bomba atómica, numerosos terremotos, volcanes y tsunamis, aprendió a salir adelante siempre y a enfrentar las tragedias como desafíos..
¿Y si seguimos estas lecciones? ¡Hasta parecen bíblicas! De este lado del mundo, tu comportamiento dirá mucho sobre ti como cristiano. Enfrenta este día tomándote en serio algunos «consejos japoneses» y cuenta con Dios para obtener resultados aún mejores. Harás la diferencia si vives con sabiduría. Solo te faltará aprender a comer con palillos. ¿Me enseñas?