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Estamos en Rusia, en el pequeño pueblo de Ivanovka. Un hombre trazó los últimos puntos y líneas en una hoja de papel. Ese hombre era Serguéi Rachmaninov, quien terminó lo que más tarde sería conocido como la pieza para piano más difícil del mundo: Concierto para piano no 3 de Rachmaninov. ¿Puedes imaginar cómo era la partitura? Desde entonces, el popularmente conocido como «Rach 3» se convirtió en el concierto más complejo del mundo, tocado por muy pocos pianistas.
Hasta el día de su muerte, el propio compositor reconoció que había creado una música tan complicada que ni siquiera él podía interpretarla de manera prodigiosa. ¿Puedes creerlo? Yo soy un aspirante a pianista que, tras 16 años de estudio, aprendí a enamorarme de este instrumento de teclas blancas y negras que exige el máximo de los 10 dedos. ¿Sabías que en el «Rach 3» hay pasajes con acordes que requieren 12 (o incluso) 13 dedos? ¿Cómo es posible? Exactamente: la partitura es tan difícil que un mismo dedo tendría que presionar dos teclas al mismo tiempo. Sin mencionar las enormes manos que necesitaría el pianista. Es algo para ser interpretado solo por los mejores músicos del planeta, y, aun así, cometiendo errores.
Por eso, hoy viajaremos por el mundo de los sonidos. Los últimos pasajes de esta obra son tan impresionantes que la orquesta ejecuta movimientos rápidos y con gran intensidad, mientras el solista principal parece transportarse a otra dimensión junto al piano. Todo es tan intenso y fascinante que el cerebro queda hipnotizado por una emoción tan grandiosa que resulta indescriptible. Y ese es el poder de la música, la buena música. ¿Y tú? ¿Qué tipo de música disfrutas? Recuerda que aquello que entra por tus oídos dirige tu corazón. Si escuchas cosas buenas y edificantes, esos mismos principios resonarán en tu vida diaria. Ni Rachmaninov, ni Mozart, ni Bach conocieron la música del cielo, pero compusieron obras fan increíbles que incluso hoy los músicos modernos intentan descifrarlas. Por otro lado, hay tantas cosas vulgares, indecentes y de mal gusto que deberíamos taparnos los oídos. Nunca desafíes tu sentido musical con algo que no esté en sintonía con el buen gusto divino.
Después de todo, si el idioma del cielo es el amor, creo que la música y la alabanza son su acento. ¿Qué te parece comenzar a entrenar desde ahora una apreciación musical digna de un buen cristiano? Y el «Rach 3» será solo la introducción a un concierto aún más hermoso y eterno. Aplaudirás.