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No se puede hablar de viajar sin pensar en los medios de transporte, ¿verdad? Pueden ser autos veloces, aviones supersónicos, trenes de carga, cruceros transatlánticos o incluso autobuses en los que a veces nos gusta hacer bromas en los últimos asientos. ¡Ah, y no olvidemos las bicicletas, los patines, los skates e, incluso, el ascensor, que también es un vehículo importantísimo!
Pero ¿sabías que hace mucho tiempo el caballo era el verdadero sueño de consumo de quienes querían viajar? Durante milenios, sus patas y su resistencia ayudaron a la humanidad a moverse de un lugar a otro. Hablando de caballos, escuché algo fascinante: un caballo por sí solo puede arrastrar unas dos toneladas de carga. Bastante, ¿no? Ahora bien, si colocas otro caballo a su lado y los unes para que trabajen juntos, ¿adivinas cuántas toneladas pueden arrastrar? ¿Cuatro? ¡No! ¿Seis? ¡Frío! ¿Quieres saber? Se dice que una pareja de caballos puede llegar a arrastrar más de veinte toneladas juntos. ¡¿Veinte toneladas?!
¡Sí, cinco veces más que la capacidad combinada de cada uno por separado! Esto es increíble, ¿verdad? A este fenómeno de multiplicación inexplicable de fuerza unida se le llama sinergia. Cuando el resultado del todo es mucho mayor que la suma de las partes, eso es sinergia. Por eso existen los yugos de bueyes para arar la tierra, los cuatro caballos que tiran de una carroza real, y los perros siberianos que arrastran trineos en medio de la nieve.
¿Te imaginas qué sucedería si, en lugar de cargar solo con tus luchas, compartieras la carga con Jesús? Con él, el pequeño David derribó a un gigantesco Goliat. Fue esa sinergia divina la que permitió que el anciano y tartamudo Moisés dividiera el mar Rojo. ¿Y qué tal Elías, quien corrió más rápido que la caballería del rey Acab? ¡Asombroso! ¿Y Pedro, quien caminó sobre el agua como si fuera césped? ¡Increíble! Sin mencionar a Pablo, que fue mordido por una serpiente venenosa que ni siquiera le hizo más daño que un mosquito.
Entonces, ¿y si vivimos este día lado a lado con Cristo? Con él harás cosas inimaginables para quien anda solo. Sobre los hombros de Dios puedes tocar las nubes. Tomado de su cuello, correrás a la velocidad de la luz. Además, tendrás una fuerza imbatible para vencer cualquier lucha contra el mal. ¿Listo para disfrutar la sinergia con Jesús? El mundo verá asombrado tus resultados inexplicables. Y podrás lograrlo todo. ¡Gracias a él!