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En la cima

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"LEVANTO LA VISTA HACIA LAS MONTAÑAS; ¿VIENE DE ALLÍ MI AYUDA?» (SALMO 121:1).

Nadie discute que el monte Everest es el punto más alto al que se puede llegar sin volar. El problema es que, para escalar sus 8.848 metros de altura, se necesita una fuerza excepcional que solo un alpinista profesional puede tener. No es para mí, pero si tú lo intentas... ¡cuéntame cómo te fue cuando vuelvas!

¿Sabías que hay otra cima accesible para personas más comunes? Es uno de los miradores más altos permitidos a turistas que no saben escalar como los expertos con cuerdas y calambres. El lugar es un espectáculo blanco: picos nevados que se pierden en el infinito horizonte de los Alpes suizos. En la ciudad de Zermatt se encuentra el Matterhorn, una montaña puntiaguda de 4.478 metros que impone respeto. Su forma piramidal fue durante años el logotipo de los famosos chocolates Toblerone.

Muy cerca de allí, tras subir en el teleférico más alto de Europa, se encuentra un elevador increíble. Este sube dentro de una roca helada y, al abrirse las puertas, aparece el paraíso glacial, donde las cordilleras nevadas se extienden en todas direcciones. Allí, una escalera inclinada y resbaladiza lleva a vistas únicas, mientras la temperatura supera los -30 °C. En una comparación burda, sería como si un congelador al máximo se sintiera como una sauna. Desde los 3.883 metros de altura, la vista es fascinante y, a pesar del frío cortante, logra calentar el corazón.

¿Lo más intrigante? En la cima, el silencio es tan profundo que parece gritar. Maravillas como esta, creadas por Dios, merecen reverencia y admiración. Si el Creador tiene poder para hacer cosas tan majestuosas, ¿qué sería si comprendiéramos la inmensidad de su omnipotencia? Por eso, en esta cima de glasé, hay un mirador con una cruz de hierro, resistente al frío y al paso del tiempo. Junto a ella, una placa cubierta de hielo honra la grandeza de la creación.

En los próximos días, aprovecha para contemplar el impresionante poder de Dios. Lo que para nosotros parece un altísimo techo de montañas que rozan los cielos, para él no es más que polvo esparcido en el suelo del universo. Este inmenso Creador y Salvador nos hizo para adorarlo Y murió para que pudiéramos ser eternos. ¿Te imaginas vivir siempre en la cima? Reconoce que este Dios es tu Dios. Viaja hacia él y para siempre. Nos vemos en la cima. En el cielo.

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