|
¿Has oído hablar de Irak? Te confieso que no tengo mucho interés en viajar a este país. Es un lugar que ha sido escenario de guerras, refugio de terroristas y muchas otras cosas que ni sabemos. Sin embargo, hace 4.000 años, en esa región -entre los ríos Tigris y Eufrates- existió una ciudad llena de poder, belleza y gloria: Babilonia.
¿Sabías que allí nació la tradición del Día del Padre? La historia cuenta que un joven llamado Elmesu creó una tarjeta de arcilla para desearle salud, suerte y una vida larga a su padre. Siglos después, en 1909, una hija llamada Sonora Luise quiso expresar su profunda admiración por su gran héroe, John Bruce, y promovió la idea en los Estados Unidos. Su homenaje fue imitado por otros hasta que el Día del Padre se consolidó como celebración.
Alrededor del mundo, esta fecha especial varía en muchos países y regiones. Por ejemplo, en Rusia se celebra el 23 de febrero; en Nueva Zelanda, el primer domingo de septiembre; en Dinamarca, el 5 de junio; y en Corea del Sur, el 8 de mayo. Pero eso no es lo importante. Lo esencial es detenernos un momento para realizar el viaje más significativo de todos: el de la gratitud.
Así que, ¿por qué no pausamos nuestro viaje este domingo para darle un gran abrazo a aquel que tiene la fuerza de cargar con todo nuestro equipaje? El padre es ese amigote humano que, con aciertos y errores, forma parte de nuestra travesía en la vida. ¿Y sabes cuál es el mayor problema? Que muchas veces olvidamos expresarle lo importante que es para nosotros.
Aprovechemos este domingo para agradecerle al Padre celestial por nuestro padre aquí en la tierra. Tal vez, para ti, esa figura paterna sea un tío, un hermano mayor o incluso tu madre que ha asumido ambos roles. ¡No importa! Padre es todo aquel que viaja a nuestro lado representando al verdadero Padre celestial.
¿Qué te parece ir ahora mismo a darle un fuerte abrazo a esa persona que aligera tanto tus cargas? Dale un gran beso de admiración a ese héroe de la vida real. Él será más feliz que cualquier viajero del mundo. ¡Y se lo merece!
Solo recuerda algo: agradece con palabras, pero reconoce su amor con buenas actitudes.