|
Ey, tú, vayamos a nadar hoy! Al otro lado del planeta, hay una piscina que ofrece una experiencia acuática increíble. Pero solo está al alcance de los más adinerados, de los que tienen más dinero del que podemos imaginar. Se trata de uno de los hoteles más caros del mundo, en un país tan curioso como exótico: Singapur. ¿Has escuchado hablar de este lugar? Alli crearon una «piscina infinita» gigantesca, de más de 140 metros de largo, en el lugar más lujoso del país: frente a una bahía llena de yates, enmarcada por rascacielos iluminados. La diferencia es que dispusieron las toneladas de agua cristalina en la cima de tres enormes torres de vidrio, de 55 pisos cada una. Esta «piscina aérea», une los edificios como si fuera una enorme tabla de surf sobre tres estacas. Llamaron a este lugar el «Parque del cielo», y nadar en esas aguas es una experiencia surrealista, como flotar en el aire con el mundo a tus pies.
De los personajes de la Biblia, creo que Nicodemo podría ser socio del club de esta piscina de Singapur. ¿Sabes a qué me refiero? Siempre hablamos de los necesitados y los mendigos que estaban en las calles de Jerusalén, pero, por lo general, olvidamos que también había ricos que eran pobres en espíritu. Y lo increíble es que Jesús los ayudó a ellos también.
Cristo era un especialista en saber cómo ayudar a todos. Podía comer una comida sencilla entre los humildes, pero también disfrutar de un banquete con la alta sociedad. Soy fan de la manera sabia en que el Salvador se movía entre todos sin prejuicios. Se sentó bajo el sol del mediodía junto a un pozo para ayudar a una mujer discriminada y cenó en la casa de Zaqueo con un trato de cinco estrellas. Así era Jesús. Así es nuestro Dios.
Aprende de él y deja las etiquetas de lado. La piscina de la que hablamos nos da una gran lección: ser cristiano es ser cristiano sin excepción. Aunque solo los millonarios puedan usar la piscina, todos somos herederos del reino de los cielos. Y, ya sea que lleves ropa de marca o unas chinelas gastadas, el amor del Padre nos alcanza a todos. Incluye a presidentes, dueños de multinacionales y hasta celebridades multimillonarias.
En el transcurso de este día, piensa en eso. Sé amable porque Dios te ama y no juzgues a las personas por su apariencia. Ni a los pobres, ni a los ricos.
Te sorprenderá la riqueza que encontrarás. Y no hablo de dinero.