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El salero del mundo

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«USTEDES SON LA SAL DE LA TIERRA» (MATEO 5:13).

Piensa en lo más blanco que hayas visto, algo tan blanco que hasta te duelen los ojos. Es tan claro que sus límites se pierden más allá de la vista. Decir que es «enorme» es poco, porque su tamaño es inmenso. ¿Lo más interesante? Todo está hecho de sal. ¡Tanta sal que alcanzaría para sazonar todas las papas fritas del mundo! ¿Qué te parece?

¿Sabes dónde se encuentra este lugar? Es el salar de Uyuni, en Bolivia. En ciertas épocas del año, esta gigantesca planicie ofrece una imagen increíble: una fina película de agua saladísima se mezcla con la línea del horizonte, y se hace imposible distinguir dónde termina el suelo y comienza el cielo. No es para menos: hay más de 10 mil millones de toneladas de sal esparcidas sobre 12.000 kilómetros cuadrados, a 3.650 metros de altitud. Y el espesor hacia abajo de estas capas de sal supera la altura de un edificio de 55 pisos. ¿Entiendes lo que significa eso? ¡Es mucha, mucha sal! ¿Y cuántos saleros de mesa se necesitarían para guardar toda esta cantidad? Solo 100 mil millones, Sin comentarios.

Cada vez que recuerdo la declaración de Jesús: «Ustedes son la sal de la tierra», se me viene a la mente el salar de Uyuni. Toda esa sal podría resolver el problema de la comida sin sabor en todo el mundo, ¿no es así? El único problema es que no sirve de nada si está toda concentrada en un solo lugar. Si Cristo dijo «sal de la tierra», es porque quería advertirnos del peligro de convertirnos en «sal solo del salero». Es decir, o hacemos la diferencia donde estamos, o terminamos como sal atrapada en un frasco. Y eso no sirve de mucho.

Durante este día tendrás oportunidades de hablar de Jesús con alguien, actuar con paciencia frente a una provocación, o incluso hacer una oración por un amigo en problemas. Todo eso es salir del salar de Uyuni y ponerle condimento al plato sin gusto de este mundo de pecado. Ser cristiano es darle sabor a las personas que nos encontramos. Ser cristiano es no andar hablando mal de los demás, sino compartir lo bueno con todos.

Las personas te verán más radiante. Encontrarás nuevas e increíbles oportunidades. Aprovecha este momento para entregar una pizca de buen humor a los que están a tu alrededor y esparcir esperanza por todos lados. Si haces esto, bendecirás corazones.

Y un menú como ese será siempre bienvenido, hasta en el cielo.

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