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¿Has escuchado hablar de Vietnam? Sellé mi pasaporte en ese país hace algunos meses. Allí se encuentra el Parque Nacional Phong Nha-Ke Bang (también me reí de ese nombre), que tiene la cueva más grande del mundo. La entrada de la gruta de Son Doong es tan inmensa que un viajero explorador se sentiría como una lagartija que pasa entre las patas de un rinoceronte. ¿Cuáles son sus medidas? Este portal de roca tiene 200 metros de alto por 150 metros de ancho, lo que significa que allí cabría una gran manzana llena de edificios de setenta pisos, y todavía quedarían 5 kilómetros de cueva por recorrer. ¿Quieres una comparación más impactante? Imaginate un avión Boeing 747 con cuatrocientos pasajeros. Bueno, ¡podría entrar dentro de la cueva!
Ahora, ¿intentaste alguna vez imaginar el tamaño del vacío que el pecado abrió en el corazón de Dios? Antes de ser padre, no podía imaginar lo que abriría una grieta en mi corazón. Así fue hasta que nació mi hija. En ese momento, empecé a sentir que un agujero se abría en mi alma cuando ella me desobedecía o me despreciaba. ¿Y con Dios? Es peor y más doloroso. El dolor del Padre celestial, cuando se rompió la confianza perfecta entre él y sus hijos, fue inimaginable.
Piensa en esto: pecar es abrir una brecha en el amor sólido entre Cristo y su criatura. Puedes notar la tristeza en los ojos de tus padres, la desaprobación en la corrección de un maestro, o incluso llorar cuando alguien te rechaza, pero jamás podrás imaginar el dolor que siente Dios cuando pecas. Él, quien se dividió a sí mismo al entregar a su Hijo para morir en nuestro lugar, sufre aún más cuando nuestras rebeliones intentan quitarle valor a nuestra salvación. En resumen: cada vez que pecas, quien más se lastima es Dios. Un agujero del tamaño de la gruta de Son Doong es poco si lo comparamos con tu ausencia en el cielo.
Hagamos este día una muralla maciza de amistad extraordinaria con Jesús. Si él perdona y olvida todo, ¿por qué no empiezas ahora mismo una nueva vida con Dios? Así como él sufre cuando pecas, tu entrega sincera le dará una alegría mucho más grande. Y lo que podría ser un enorme agujero se transformará en una fortaleza sólida de amor eterno. ¡Que Dios sea siempre tu mejor amigo!