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Prisioneros

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«CRISTO NOS LIBERTÓ PARA QUE VIVAMOS EN LIBERTAD» (GÁLATAS 5:1, NVI).

Es el peor viaje del mundo. Ojalá nunca vayas a un lugar como estos: El temido Campo 22, en Corea del Norte, es la peor prisión que existe. No hay ningún respeto por la dignidad humana, se hacen experimentos macabros con los reclusos, y el lugar ni siquiera aparece en el mapa oficial del país.

* En la Prisión Central de Bang Kwang, en Tailandia, los presos permanecen incomunicados y sin ningún tipo de higiene. A los condenados a pena de muerte solo les informan la hora de su ejecución dos horas antes de que acontezca.

* En La Habana, Cuba, está la Fortaleza de San Carlos de la Cabaña. Los presos allí no siempre han tenido un juicio justo, y las celdas son tan pequeñas que apenas entra una persona sentada. ¿Acostarse? Ni pensarlo. • En la Prisión de Drapchi, en el Tíbet, hay celdas de aislamiento aterradoras. Algunos prisioneros permanecen confinados tanto tiempo que, al salir, ya no saben ni hablar.

* La Prisión de Gikondo, en Kigali, capital de Ruanda, fue diseñada para 500 personas, pero hoy alberga más de seis mil reclusos hacinados en las celdas. Los prisioneros viven y duermen de pie, y muchos pierden las piernas debido a enfermedades provocadas por esas condiciones.

Obviamente, nadie quiere ser encarcelado. Ni tú, ni yo, ni Pedro ni Pablo. Sin embargo, en el libro de Hechos; leemos cómo los grandes apóstoles de Cristo fueron encarcelados por la libertad de la salvación. Es contradictorio, lo sé, pero cuanto más rompían las esposas del pecado, más los encadenaban en las prisiones. Juan el Bautista fue arrojado a una celda solitaria. José se sintió olvidado en un calabozo egipcio. Daniel tuvo leones hambrientos como compañeros de celda. Pero nunca fueron más libres que en esos momentos.

Y tú, ¿estás preparado para que te encarcelen por seguir a Jesús? La libertad eterna puede costarte persecución e injusticia de este lado del cielo. Sin embargo, las luchas no se compararán con la recompensa de la esperanza soberana en el Señor. Prefiere mil veces ser encadenado en esta tierra que padecer para siempre en el juicio final. Todo aquí es pasajero. Solo es el comienzo de un viaje sin fin.

Un día, ya no habrá más cárceles ni prisioneros. Y seremos finalmente libres, por los siglos de los siglos. ¡Sin libertad condicional!

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