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El lento del soldado

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«"YO TOMARÉ VENGANZA; YO LES PAGARÉ LO QUE SE MERECEN", DICE EL SEÑOR» (ROMANOS 12:19).

Esto sucedió hace años, y aún lo recuerdo como si fuera hoy. Visité el Memorial del Soldado en Taipei, la capital de Taiwán. En aquel lugar de reverencia intimidante, cuatro soldados impecables custodiaban la entrada. No se movían, casi ni parpadeaban; solo permanecían allí, inmóviles. Durante el cambio de turno, los guardias se relevaban con el siguiente grupo, marchando solemnemente por un recorrido exacto en el gran patio. Tras décadas de marchas por el mismo lugar, el suelo había quedado marcado por las huellas de las botas.

El problema surgió cuando un grupo de turistas maleducados provocó a uno de los guardias. Antes de ser expulsados por los guardias de seguridad, le hicieron muecas, le tocaron la nariz y, en chino, parecían burlarse del pobre soldado. Después de ese acto de cobardía brutal, volví a mirar al guardia inmóvil y me sorprendí: corrían lágrimas por su rostro. ¿Lo más increíble? Seguía petrificado, sin mover ni un solo músculo de la cara. Allí había una estatua que no pudo contener el llanto. Este incómodo momento duró hasta que alguien tomó un pañuelo y le secó las lágrimas con amabilidad. El soldado paralizado continuó inmóvil hasta el final de su turno. Nunca lo volví a ver, pero jamás lo olvidé.

¿Se han burlado de ti alguna vez hasta el punto de lastimarte el corazón? Es increíble cómo no olvidamos cuando nos convertimos en el blanco de sobrenombres, bromas tontas y desprecios crueles. El profeta Eliseo fue objeto de burlas, José fue humillado, David fue perseguido, ¡y Jesús mucho más! ¿Puedo decirte algo? Si alguna vez te sucede eso, sigue firme en tus buenos propósitos. Resiste el deseo de reaccionar agresivamente contra la necedad de los demás, aunque te duela el corazón. Cuando sientas ganas de vengarte, no abandones el pelotón de los mejores soldados del Señor. Pueden herir tu corazón, pero jamás podrán dañar tu carácter. Sé verdaderamente valiente y ora por los que te atacan, pues venganza vendrá de Dios. Sé que es una guerra cruel, pero saldrás de ella victorioso.

Ah, y si alguna vez te has burlado de alguien, no lo hagas más y toma un pañuelo. Secar lágrimas es mucho más noble que provocarlas.

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