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No es pecado admirar las cosas hermosas que el ser humano es capaz de crear, especialmente cuando la adoración humana se combina con la creación divina. Elegido como uno de los templos más bellos del mundo, el «Santuario de las Lajas» es uno de los mejores ejemplos de la creatividad humana en armonía con la naturaleza hecha por Dios. Está ubicado al sur de Colombia, a 10 kilómetros de la frontera con Ecuador. Desde el siglo XVIII, este lugar de culto, adoración e incluso peregrinación ha sorprendido a los viajeros que llegan hasta allí.
El lugar es fantástico: una iglesia neogótica de piedra gris y blanca descansa sobre un puente de dos arcos que cruza sobre el río y une su entrada con el otro lado de un estrecho cañón. Muy abajo, bajo esta pasarela de estilo medieval, un río serpentea por un valle verde brillante. Solo el sonido de sus aguas rompe el silencio de las montañas. Parece un palacio encantado.
La altura de este templo -desde la base junto al arroyo hasta la punta de la torreequivale a un edificio de casi cuarenta pisos. Dentro de la iglesia, la pared trasera de la nave principal es la misma roca rústica que sobresale del precipicio. En definitiva, contemplar este santuario es como ver un castillo medieval suspendido en medio de un inmenso valle estrecho.
Por eso amo el sábado. Es un momento extraordinario para admirar las cosas que Dios ha hecho y los dones que él le ha dado al ser humano para crear cosas increíbles. Y pensar que, hace siglos, los constructores soñaron, calcularon y edificaron esta obra de arte. Eso demuestra cuánto más podríamos hacer para engrandecer el nombre del Señor.
No es necesario viajar hasta Colombia para adorarlo de verdad. Dondequiera que estés, en la iglesia más cercana, aprovecha el séptimo día para reconocer cuán grandioso es nuestro Dios. En su sabiduría eterna, él te hizo no solo una criatura, sino también un ser creativo. Puedes viajar con las alas de la imaginación y vislumbrar el poder de Jesús, capaz de hacer todo lo que él soñó para ti. Los cuentos de hadas no existen, pero los milagros divinos de salvación sí son reales. Haz de tu vida un verdadero santuario, y los demás verán maravillas a través de tu ejemplo.
Ah, no te olvides de leer también el Salmo 139. ¡Que tengas un día grandioso con Dios!