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Para viajar fuera del país se necesita un pasaporte. La foto de mi pasaporte tiene una doble función: probar que soy yo quien está viajando y espantar moscas en casa, porque huyen de la gente no agraciada. ¿O acaso conoces a alguien que esté feliz con la foto de su documento?
Además del pasaporte, algunos países exigen una visa para ingresar. Ese es el caso de Taiwán. Cuando recibí mi pasaporte con la visa aprobada, me llamó la atención una tira de papel grapada. Me pareció extraño, así que la leí. La frase, directa y contundente, me asustó: «¡Atención! El tráfico de drogas se castiga con la pena de muerte». Entonces, si nunca estuve cerca de las drogas, ¿por qué el susto? Pues bien, cualquier error o sabotaje podría meterme en un problema mortal. Y en Taiwán, la ejecución se lleva a cabo con un disparo de fusil, y le cobran las balas a la familia del fusilado. ¿Qué tal?
Esto me hizo reflexionar sobre lo terrible que es la droga. No hace falta explicarte lo peligroso que es siquiera acercarse a ella. Si alguien te ofrece algo con una sonrisa engañosa, aléjate de inmediato, da media vuelta y salva tu pasaporte para la eternidad. La droga es un monstruo con piel de cordero. Y no te confíes por tu edad. La tentación aparece cada vez más temprano, y a los nueve o diez años ya hay quienes están arruinando el viaje de sus vidas.
Dios jamás crearía algo que te hiciera sentir bien a costa de tu salud. Y lo que la droga genera en el cuerpo no es placer, sino todo lo contrario. adicción, debilidad, pérdida de memoria, decadencia moral y frustración total. Es como estar muerto, pero con el corazón latiendo. Un joven atrapado en esta basura está enterrado en vida, se arrastra en su peor tragedia. ¿Fui demasiado duro? Tal vez. Pero prefiero ser sincero y advertirte sobre un peligro cuya tentación miente y oculta la derrota.
Un día, Josué se puso firme en un mundo de débiles y declaró: «En cuanto a mí y a mi familia, nosotros serviremos al Señor» (Josué 24:15). Daniel desafió al rey y le dijo: «Jamás serviremos a sus dioses ni rendiremos culto a la estatua de oro que usted ha levantado» (Daniel 3:18). ¿Sabes qué signifiça eso? Héroes que se mantienen firmes por lo que realmente vale la pena. O mejor aún, por Aquel que hace que todo tenga verdadero valor.
Cuando te ofrezcan algo para beber, fumar o inyectarte, di «¡NO!». Y viaja tranquilo con tu pasaporte en orden, tu pasaporte eterno.