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Imagina una construcción capaz de reunir:
* La cantidad de cemento equivalente a 210 estadios de fútbol del tamaño de La Bombonera de Buenos Aires.
* Todo el hierro y el acero necesarios para levantar 380 torres Eiffel.
* Un desplazamiento de tierra y roca de 50 mil millones de kilos.
* Una excavación que equivaldría a perforar casi nueve veces el Eurotúnel. â¢
* Mano de obra suficiente para emplear 40 mil trabajadores.
* El desplazamiento de 42 mil personas de sus hogares.
* Una altura equivalente a un edificio de 65 pisos.
¿Qué te parece? ¿Sabes dónde está esto? En la frontera entre Brasil, Paraguay y Argentina. Estoy hablando de la gigantesca central hidroeléctrica de Itaipú. Es considerada la segunda mayor central hidroeléctrica del mundo y es un destino que todos deberían visitar al menos una vez en la vida.
¿Quieres una sorpresa aún mayor? Hoy, Itaipú tiene veinte turbinas en funcionamiento, pero después de 32 años desde el inicio de su construcción alcanzó su capacidad plena de producción. Para que tengas una idea de su magnitud, todo el caudal de las cataratas del Iguazú cabría dentro de solo dos de estas turbinas.
La creación de esta central inundó una enorme área, y sepultó cascadas, campos y bosques. Sin embargo, la creciente necesidad de energía para Brasil y Paraguay hizo que este sacrificio fuera inevitable. Y ahora, cuando presionas el interruptor en la pared de tu casa y se enciende la luz, es posible que sea gracias a una central hidroeléctrica como esta.
Energía, fuerza y potencia: estas palabras definen el motivo por el cual el mundo pone su mirada en centrales hidroeléctricas como Itaipú. Pero también son las mismas palabras que describen la obra del Espíritu Santo. Ser cristiano implica contar con la ayuda de este agente de poder extraordinario.
¿Sabías que la palabra «poder» aparece en más de 260 versículos de la Biblia? No es un dato menor, ¿verdad? Dios te creó para que vivas con una energía incalculable, capaz de generar fuerza y sabiduría en tu vida. Pero necesitas buscarlo. Para recibir esa gran potencia, pídesela a Dios a través de la oración.
¿Y por qué no hacerlo ahora mismo? Tu día será mucho mejor si el Espíritu Santo enciende el interruptor divino en tu corazón. Y la fuerza de Itaipú parecerá un simple chorro de agua en comparación con eso.