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Los aislados de Tristán

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«Y ESTE EVANGELIO DEL REINO SE PREDICARÁ EN TODO EL MUNDO» (MATEO 24:14, NVI).

No sé si alguna vez harás este viaje; ni siquiera sé si yo lo haré. El lugar es tan inaccesible y lejano que solo podrías llegar allí de dos maneras: gastando una fortuna para comprar tu propio barco o consiguiendo un lugar en el barco de correos que pasa por allí una vez al año! ¿Te animas?

Te presento el lugar habitado más remoto del mundo: Tristán de Acuña, una pequeña isla de 11 kilómetros de diámetro que forma parte del archipiélago más aislado de cualquier otra civilización. Perdido en «medio de la nada» del océano Atlántico, este pedazo de tierra está a 2.816 kilómetros de Sudáfrica y 3.360 kilómetros de Sudamérica. En Google Earth, apenas se ve como un diminuto punto en la parte baja del globo. Y por si la distancia no fuera suficiente, esta isla volcánica está rodeada de enormes acantilados que superan los 600 metros de altura.

Pero quienes viven en Tristán de Acuña son personas como tú y como yo. Los casi trescientos habitantes, descendientes de británicos, tienen familias, trabajan en la pesca y llevan una vida tranquila. De hecho, allí cuentan con teléfono satelital, una escuela, un hospital, un bar, una oficina de correos y hasta una piscina. También tienen videocaseteras (sí, esos antiguos aparatos de cintas grandes para ver películas). Como no hay aeropuerto, el único acceso es por mar, a través del pequeño puerto del archipiélago, donde, una vez al año, llega el esperado barco con cartas, alimentos enlatados, artículos necesarios y noticias del mundo exterior. Tú que pensabas que vivías lejos de todo, acuérdate de los habitantes de Tristán.

Cuando la Biblia dice que el evangelio de Cristo llegará hasta lo último de la tierra, es imposible no pensar en este lugar. En esta isla hay dos iglesias cristianas y, de alguna manera, su gente ya ha escuchado sobre Jesús. Sin lugar a duda, la alegría del perdón marca una diferencia en sus vidas.

¿Qué te parece si oras hoy por aquellos que nunca han conocido a Jesús? Y además de orar, ¿por qué no haces algo por alguien más cercano? No tengas miedo de hablar de Dios con quien lo necesita. Quizá haya personas más «aisladas» que los habitantes de Tristán, aunque vivan a pocos metros de ti. Saber que hay un Salvador es el mejor remedio para cualquier aislamiento.

Aprovecha lo que sabes para ayudar a quien ni se lo espera. ¿Te animas? Hasta que en este mundo no quede ni un rincón sin conocer a Cristo.

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