Regresar

La casa 263

Play/Pause Stop
«HÓNRALO MIENTRAS SEAS JOVEN» (ECLESIASTÉS 12:1).

Tal vez uno de los viajes más tristes de mi vida fue el que hice para conocer una simple casa. Sus paredes oscuras parecían susurrar los terribles momentos que se vivieron allí. En la vereda, la estatua negra de una niña llorando reforzaba la lobreguez del lugar. Se paga para entrar, pero uno pagaría mucho más para que nunca hubiera existido. Al salir, el silencio se apodera de todos los visitantes que reflexionan con pesar sobre las atrocidades de este mundo.

En una de las encantadoras calles de la «ciudad acuática» de Ámsterdam, en los Países Bajos, se encuentra la famosa casa de Ana Frank, en la calle Prinsengracht 263. Allí vivió una joven que logró impresionar al mundo durante décadas, a pesar de haber muerto demasiado pronto. Mientras las fuerzas demoníacas del nazismo masacraban a los judíos en la Segunda Guerra Mundial, Ana y su familia se escondieron en un anexo secreto de esa casa por más de dos años. Una estantería falsa servía de puerta secreta al refugio donde se escondían ocho personas desesperadas por sobrevivir.

En ese escondite secreto fue donde una niña de 13 años escribió el diario más famoso del mundo, que lleva su nombre. Ana Frank permaneció encerrada en aquel anexo hasta que los soldados alemanes la descubrieron y separaron a su familia en distintos campos de concentración. Ella y su hermana Margot fueron destinadas al mismo centro de reclusión. Meses después, debido a una epidemia de tifus, una enfermedad mortal, ambas fallecieron. El único sobreviviente fue su padre, quien, tras encontrar el diario de su hija, decidió publicarlo en más de sesenta países. Hoy, un millón de personas visitan anualmente aquella pequeña casa, donde el diario original se conserva en una caja de vidrio blindado.

¿Has pensado alguna vez en el privilegio de la libertad? Ser libre parece algo común... hasta que ya no lo eres. Ni tú ni yo sabemos lo que es estar encerrado en una habitación para preservar la vida, ¿verdad? ¿Por qué no le agradecemos a Dios por la libertad que tenemos? Aprovecha tu juventud para conocer personas valiosas, valorar la compañía de tu familia, vivir en la presencia de Jesús y mucho más.

Haz de tu vida un diario de gratitud a Dios. No desperdicies el tiempo ni la oportunidad de invitar a Cristo a reinar en tu historia. Vive cada día como si fuera el último y pon siempre a Jesús en primer lugar.

Matutina para Android