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Toda historia comienza desde el inicio, y la historia del primer viToda historia convenza suyo. Pocos nombres evocan tanto misterio y controversia como el de Lucifer. Frecuentemente conocido como el archienemigo por excelencia, la figura de Lucifer trasciende el simple antagonismo, representando una complejidad y profundidad que desafían el pensamiento.
Lucifer significa «portador de luz» en latín. Originalmente, era un ángel y ostentaba un lugar privilegiado en el reino celestial. Se lo describe como «lucero del amanecer» (Isaías 14: 12), y como el «modelo de perfección, lleno de sabiduría y de perfecta belleza» (Ezequiel 28: 12). Su posición era exaltada porque estaba «adornado de toda clase de piedras preciosas» (vers. 13) y su lugar era «en el monte santo de Dios [...] entre las estrellas» (vers. 14).
Ese mismo versículo en Isaías se lee diferente en la versión Reina Valera de 1960. Dice: «Tú, querubín grande, protector, yo te puse en el santo monte de Dios, allí estuviste». Este título de «querubín grande, protector» sugiere que Lucifer estaba delante de Dios y su rol incluía cubrir su gloria rutilante. Eso es lo que sucedía con los querubines que estaban en la tapa del arca del pacto, en medio de los cuales se manifestaba la shekinah, o sea, la gloria de Dios. Lo que los querubines cubrían con sus alas extendidas era la manifestación visible o la presencia de Dios, especialmente en el tabernáculo y luego en el templo.
La Escritura dice que, de ese origen digno y luminoso, este «lucero del amanecer», como lo llama Isaías, fue derribado por el suelo. La Biblia señala: «Tu corazón se llenó de orgullo, y te creíste un dios sentado en el trono de los dioses» (Ezequiel 28: 2). Además, «las riquezas te han vuelto orgulloso» (vers. 5). Las ambiciones de Lucifer eran elevadas y quería desplazar a Dios en su posición de Señor de este universo: «Voy a subir hasta el cielo; voy a poner mi trono sobre las estrellas de Dios; voy a sentarme allá lejos en el norte, en el monte donde los dioses se reúnen. Subiré más allá de las nubes más altas; seré como el Altísimo» (Isaías 14: 13-14).
Así, Lucifer se convirtió en Satanás, el adversario, el acusador (Zacarías 3: 1). Su caída fue tanto estrepitosa como misteriosa. ¿Cómo cupo en un ser perfecto semejante arrogancia para querer desplazar a Dios? La Biblia no explica esto, pero dice otras cosas que debes saber y evitar.