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En el Edén, Dios les puso una prueba a Adán y Eva a fin de dar eviEdencia de su lealtad y amor comprometido, el árbol del conocimiento del bien y del mal. Tristemente, nuestros primeros padres le dieron la espalda a Dios y se satisficieron a sí mismos. Y al ceder al pecado se volvieron esclavos de él (Romanos 6:16).
El nuevo estado de las cosas en el planeta requería dos acciones inmediatas. Se necesitaba liberar a la raza humana del poder del maligno y, no menos importante, desmentir lo que el enemigo decía. La primera acción era un acto de justicia, pues «el pago que da el pecado es la muerte» (6: 23). Si Adán y Eva no morirían era porque alguien pagaría la deuda de la transgresión en lugar de ellos. La segunda acción requería algo más personal, pues para desmentir los ataques de Satanás al carácter de Dios, nadie sino Dios mismo podría demostrar quién es él. Los ángeles se ofrecieron voluntariamente a venir a la Tierra y a ofrecer sus vidas por los seres humanos caídos, pero ellos no podrían demostrar quién es Dios. Es decir, se necesitaba un héroe especial; se necesitaba a Dios mismo en la carne.
Entonces, el héroe intervino. Primero, buscó a la pareja transgresora. «Dios el Señor llamó al hombre y le preguntó: "¿Dónde estás?"» (Génesis 3: 9). Tras una serie de preguntas y respuestas, queda claro que la desnudez se explicaba por el engaño de la serpiente, y Dios la maldijo. Fue así como ofreció la promesa de la solución. Dios le dijo a la serpiente: «Haré que tú y la mujer sean enemigas, lo mismo que tu descendencia y su descendencia. Su descendencia te aplastará la cabeza, y tú le morderás el talón» (3: 15).
Hay un par de elementos a destacar aquí. El primero es que la amistad que el pecado desarrolló entre la humanidad y Satanás sería disuelta; llegaría el día en que se tornarían enemigos. Y, segundo, esa enemistad sería efectiva por intervención de un descendiente de la humanidad, Jesús el Dios hombre, quien aplastaría la cabeza de la serpiente a costo de ser mordido en el talón.
Luego, el Señor resolvió el problema de la desnudez: «Dios el Señor hizo ropa de pieles de animales para que el hombre y su mujer se vistieran» (3:21). El héroe empezaba a demostrar que Dios es amor.