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En el barrio más pobre de Salinas, California, la comunidad se diviuna escuela primaria. Las autoridades de esta ciudad norteamericana, plagada por la violencia pandillera, anunciaron que la escuela primaria llevaría el nombre de «Tiburcio Vázquez», uno de los «bandidos» más notorios del viejo oeste.
Según algunos, Vásquez fue un delincuente que robó y aterrorizó a los californianos en el siglo XIX y que terminó siendo colgado por asesino. Hay quienes decían que, si se le daba su nombre a la escuela, se glorificaba la violencia y los antivalores. Para otros, Vásquez simplemente defendió su tierra, su cultura y a la comunidad hispanohablante de los embates de colonos blancos que se apoderaron del estado en busca de oro.
Vásquez era una persona educada, de una familia acomodada, pero terminó robando caballos y cometiendo asaltos, y pasó cinco años en la prisión de San Quintín. Su biógrafo dice que era considerado un héroe que combatió la discriminación perpetrada por los colonos blancos. Fue capturado luego de que su banda robó un negocio cerca de Hollister, matando a tres personas. Fue hallado culpable de asesinato y ahorcado en San José en 1875.
Entonces, ¿es Tiburcio Vázquez un héroe o un villano? «Todo depende de quién escribe la historia, y los escritores de la historia cambian con el tiempo», dijo Gary Alan Fine, sociólogo de la Universidad Northwestern. «La diferencia entre un héroe y un villano», agregó Fine, <depende de la interpretación del contexto histórico y de quién tiene el poder de decidir».
Nada de eso. Ni las circunstancias ni los que tienen el poder deciden lo que es honorable o reprobable sino Dios, y su ley es el fundamento de la moral humana. Ciertamente, hay quienes a lo malo llaman bueno y a lo bueno llaman malo. Los asesinatos y despojos de Tiburcio Vázquez no pueden ser buenos, como tampoco su valentía y lucha por la equidad son malas en sí mismas.
Si se trata de moral, Dios tiene la última palabra. Él no solo establece qué virtudes hacen a los héroes y qué defectos hacen a los villanos, sino que también pesará los actos de todos los seres humanos para determinar su destino final. Podemos escoger hoy ser héroes verdaderos al hacer lo que Dios llama bueno.