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Héroes bondadosos

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«Si se aman los unos a los otros, todo el mundo se dará cuenta de que son discípulos míos» (Juan 13: 35).

Una fría noche de invierno de 2011 en el Times Square de Nueva York, el oficial Lawrence DePrimo cumplía su labor de vigilancia contra el terrorismo. En su recorrido, encontró en la calle a un hombre mendigo descalzo. «Esa noche yo casi me congelaba, pero se podían ver las ampollas en los pies del hombre. Yo tenía puestos dos pares de calcetines y aun así tenía frío», dijo DePrimo.

Después de averiguar el número de calzado del vagabundo, el policía desapareció y entró a una zapatería cercana. El responsable de la zapatería, tras conocer las intenciones del policía, se ofreció a ayudar con su descuento de empleado de la tienda. Aun así, DePrimo pagó 75.00 dólares por las botas y luego regresó a ver al hombre, se agachó y lo ayudó a ponerse las botas. «Era el hombre más amable que he conocido», dijo el oficial DePrimo acerca del vagabundo. Su cara irradiaba alegría. DePrimo se ofreció a comprarle una bebida caliente, pero tan pronto el hombre tuvo las botas puestas, se echó a andar y se perdió en la calle.

Este acto de bondad bien pudo haber pasado desapercibido de no ser por una turista de Arizona que tomó una foto y la publicó en la página de Facebook de la policía neoyorquina. Apenas un día después de difundir la foto y de describir la generosidad del oficial DePrimo, 1 600 000 personas habían visitado la publicación y casi 275 000 habían marcado que les gustaba la noticia.

Jennifer Foster, quien tomó la foto de DePrimo frente al vagabundo, trabaja para la oficina del sheriff en el condado de Pinal. Cuando pasaba por la calle y vio a DePrimo acuclillado frente al vagabundo, sacó su teléfono y tomó la foto porque le trajo a la memoria el vivo recuerdo de su padre, quien también había sido oficial de la policía. Foster recordó cómo su padre entró a una tienda, compró alimentos, se acuclilló frente a un mendigo y se los dio.

Lamentablemente, hay mucho recelo respecto a los guardadores del orden público; hasta se dudó que la imagen de DePrimo fuera auténtica. Si entre los servidores públicos y la sociedad en general hay personas honorables y de buen corazón, ¿cuánto más entre el pueblo de Dios? La marca del cristianismo es el amor desinteresado, algo que manifestaron elocuentemente estos dos policías, DePrimo y Foster. Esos héroes de las calles bien podemos ser nosotros si mostramos el mismo amor. 

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